JUGANDO CUBILETE

“La que escribía como hombre
y el que escribía como mujer
– se encontraron –
Ellos…
dados echados
desde un cubilete caliente”.
-Hector Urruspuru

Propiamente, el cubilete es la forma del vaso, cuando es más ancho por la boca que por el suelo, se usa en la repostería para dar forma, en el famoso juego de “donde quedó la bolita”, igual los magos usan cubiletes para trucos, pero el más famoso uso debe ser el de los jugadores de dados.
La manera de jugar clásica es al estilo póquer, donde cada figura vale lo mismo que en el juego de las cartas y se juega de la misma manera con muy pequeñas diferencias.
El jugador que tiene la mano coloca cinco dados en el interior y agita el vaso para mezclarlos perfectamente, aquí empiezan los rituales, soplar el vaso, susurrar que quieres, etc… en el momento que decida le da vuelta al vaso sobre la mesa y destapa, los dados deben estar apoyados directamente sobre la mesa y no encimados, en cuyo caso se repetiría la tirada.
Esta primer tirada es “el destino”, las caras vistas de cada dado no son responsabilidad de quien tira, para hacer un símil me gusta pensar en la vida como un juego de cubilete, la primer tirada la conforman, tus padres (o la falta de ellos), el medio en el que naces, la religión que se te da (o la falta de ella), la escuela a la que fuiste y los objetos con que jugabas, todas cosas en las cuales tú, aun inocente, no tenías conciencia de que estaban formando a un futuro adulto, esos primeros dados son tu carga.
Después el jugador puede escoger dejar la mano en una sola tirada, pero también puede optar por dejar los dados que guste, recoger los demás y volver a agitar para tirar solamente estos y con ellos completar la jugada hecha en los dados que quedaron en la mesa.
Esta segunda tirada es la personalidad, tras crecer te das cuenta cuales cosas deben seguir en tu vida y cuales has de abandonar, es difícil dejar dados en la mesa y recoger dados, porque todo esto es el abandono de posibilidades, pero ahora si la decisión es solo tuya, los dados ya los tienes vistos, y quizá te salió una “Pachuca” (todos los dados son diferentes, la peor jugada que puedes tener en cubilete), eso no te puede detener, porque ahora bien puedes decidir, tirar todo de nuevo, reinventar la tirada, dejar solo tu dado más alto buscando un par grande, o recoger solo uno o dos, para reconfigurar toda la tirada e ir por la “corrida”, todo está en tu segunda ronda, en tus manos.
Por eso los veo ahí quejándose de que nacieron mal, que no tuvieron chance de crecer y me dan risa, tampoco tirar tercia de ases de primera mano garantiza nada, esos que salen con toda la fuerza en su primer tirada, la más de las veces juegan la fácil, declaran tiro, y pasan el cubilete, ya han sacado una jugada medianamente buena, y no hacen el esfuerzo de ir por todo, conformistas e “hijos de papi”, jamás dejan la sombra de quienes sí hicieron el esfuerzo, contemplan su jugada y se quedan ahí, sin hacer más.
Una vez que has decido con que dados vas a jugártela, hay un sudor frio que recorre la espalda, agitas el vaso (mi particular estilo es zarandear fuerte y murmurar la figura que quiero, concentrarme, como si con la mente pudiera mover la suerte), y esperas… ¡¡boom!! Dos dados encimados, y una jugada patética, así que una vez más, cubilete arriba, cero miedo y bajar la mano, contemplar la jugada, si sale bien que bueno, si sale mal, al menos pierde con estilo, sin gritar que te han hecho trampa, sin acusar a los demás de tu falta de suerte/talento, si se va a perder la mano, que no se pierda el nivel.
El juego del cubilete se acostumbra mucho en México en los bares y cantinas, pero al igual que la vida, no se trata de un juego de azar donde todos tienen las mismas posibilidades de ganar, esa es la ilusión que se vende con el girar de los dados, siempre existen personas con mucha habilidad, esos finos que pueden realizar la tirada justa que necesitan, acomodándose los dados con los dedos a una velocidad que el novato no detecta, como en la vida a veces solo se necesita que un dado se cambie, para transformar una simple tercia en un poderoso full.
Si juegas con personas hábiles es recomendable exigir que los dados se rueden después de agitar, en lugar de depositarlos sobre la mesa con el vaso volteado, para evitar que se acomoden con los dedos y ganen las veces que quieran, como en la vida hay que saber de trampas, no para hacerlas, eso no es éxito, sino para evitar que nos las hagan, nunca hay un verdadero triunfo si se basa en una mentira.
Destino y personalidad, dos tiradas con los mismos dados, en el mismo cubilete, pero nunca iguales, la segunda es la que cierra o abre puertas, por eso no se puede decir “mira donde nací”, “mira quien es mi familia”, “mira donde estudie”, “por eso no triunfo en la vida”, sin decir implícitamente, “tengo mucho miedo, de tomar mis dados, de jugar mi suerte, de armar mi destino”… la apuesta es grande, la vida misma, tu vida está en eso, atrévete, gana o pierde, pero no culpes a otros de tu falta de decisión o de suerte/talento, porque el vaso está ahí, y los dados están para ti… ARRIESGATE.
No es casualidad que la estatua de Cristo, más grande de México, este situada justo sobre el cerro de “El cubilete”.

P.D: Para otra forma literaria de jugar con la idea del cubilete, en internet pueden descargar como PDF “El payaso de las bofetadas y el pescador de caña” un poema trágico español que les recomiendo.

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Chiripazo

“Casi casi me quisiste,

casi casi te he querido:

si no es por el casi casi,

casi me caso contigo”

– Rubén Darío

 

Hace tanto que no me rifo a las opiniones tajantes, que cada vez más el blog se empieza a sentir como los desvaríos de un viejo ya sintiendo la caída, más que como una trinchera en medio del combate, las ventajas del tercer piso incluyen eso, la calma de no pensar que tu opinión puede cerrar todas las discusiones, ganar todas las partidas, es saber que no siempre se da jaque en 3 y que a veces vale la pena, perder con quien se quiere.

Hace algunos ayeres esto era un borrador en mi carpeta de “inconclusos”, porque nunca supe cerrar con la frase matona, el chiste ridículo o con aquel adjetivo rompemadre (ya sé que esa palabra no existe, obviemos eso), este borrador hablaba de la serendipia un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta, y empezaba con mi caso favorito Alexander Fleming estaba analizando un cultivo de bacterias en 1922, cuando se le contaminó una placa de bacterias con un hongo, más tarde descubriría que alrededor de ese hongo no crecían las bacterias e imaginó que ahí había algo que las mataba, aunque él no fue capaz de aislarla, ese episodio dio inicio al descubrimiento de la penicilina.

Pero ya a través del cristal de mis lentes y de los años, creo que es un tiempo ideal para cambiar el borrador, me gusta la palabra serendipia, pero si hay algo que me gusta más es armar la polémica, y de aquí empiezo… LA PALABRA MÁS HERMOSA DEL ESPAÑOL ES “CHIRIPAZO” con sus diferentes ramificaciones “chiripada”, “de chiripa”, “chiripero”, etc.

Hay un componente activo entre ambas cosas, la serendipia es el resultado lógico de una serie de pasos científicos, modificados por la casualidad, la coincidencia o el accidente, pero aun así muy íntimamente ligados todos a las razones y a la ciencia, lo cual entra perfectamente en el terreno de lo demostrable, y repetible en laboratorio bajo características similares, por el contrario el chiripazo es único e irrepetible por definición, viene acompañado de un toque de incredulidad, a veces incluso el que la ejecuta (chiripero) se queda un momento pensando en lo que acaba de hacer.

Como una cosa increíble, irrepetible y que pocos pueden atestiguar, se despoja de la parte religiosa, que cubre al milagro, este suceso será negado por los ateos, quien no crea en la existencia de un Dios no podrá estar de acuerdo en algo que emane de esa figura, pero no podrán negar la chiripada, esa universalidad que empapela la palabra, la pone más allá de la otra, ya que es un concepto que engloba a un grueso más importante de la población.

Suerte es estar en el lugar y en el momento adecuado, para la suerte no hace falta la preparación, el talento o la virtud, la suerte es por sí misma y para quien caiga, no necesita el individuo hacer nada, existe y tiene suerte, la chiripa en cambio exige un tributo, aquel gol del “Chicharito” con la nuca fue apantallante, en el partido Stoke City 1-2 Manchester United, porque no fue obra de la casualidad que de espaldas al marco buscara ese remate, con la habilidad que tiene para traer el marco tatuado en su mente, y anotar uno de los goles más espectaculares de un mexicano en el futbol internacional, quien haya dicho despectivamente que la metió de “Chiripa” se equivocó, porque no es un término ofensivo, es suerte y talento, es una amalgama de ambos, pero depende de una acción por parte del individuo, es el ser quien jala el gatillo del chiripazo y lo detona.

La chiripa es realismo mágico por donde se le estudie, pero no solo es un revestimiento de aquel cuyas cualidades lo hacen digno de engalanar, también es un portal hacia un espacio que hemos perdido, el asombro, la capacidad de salir de los confines de la lógica, es saludada con el grito de ¡CHIRIPAZO! Y la ya consabida frase “Si lo intentas 100 veces no la vuelves a hacer”, que solo dejan al descubierto, que quien fue observador del acto, reconoce en este, la peculiaridad que hace la excepción.

Por fuerza de su naturaleza, la chiripada es extraordinaria, y como ya lo dijimos antes digna de admiración y respeto, porque es una especie de renacimiento, quien ya se veía perdido, sobre la hora, “en la raya” intenta aquella jugada que parece imposible, ya dado por muerto, su tributo es aceptado y se le concede nuevo aliento, por el poder del chiripazo renace, y triunfa, una microhistoria de éxito, ante un atónito espectador que aplaude o simplemente rinde homenaje, quedándose mudo, por un breve segundo la lógica no ha imperado, la chiripa es pues resistencia ante el mundo normal.

Por eso vamos por ahí oyendo que el amor es una reacción química, que es resultado de cambio de sustancias en el cerebro, hay quien dice que el amor es un milagro moderno, que es cuestión de suerte, o sencillamente que es una especie de hechizo, magia en sentido amplio, pero todos aquellos olvidan una cosa básica, el amor es un acto de los humanos, debe haber un momento de valor donde te atreves a hablar, a buscar, a “hacer la chica”… y si ese acto es digno, entonces habrá un contacto y quien sabe, en una de esas una chiripada.

El amor es un chiripazo.

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Che pykasumi. (Mi Tortolita)

Mi pequeña tórtola que volando leve de mí te alejaste, tu imagen retorna una y otra noche a oprimirme el sueño. En razón de amor me desasosiego y estoy esperándote, aún siendo recóndita es intolerable esta mi dolencia.

Porque eres cruel ando trajinando enfermo y febril; después de acunar el tibio cariño que juntos vivimos emprendiste el vuelo: aquí me dejaste, tornándome huérfano, vagabundo y solo, sumido en tristeza desde aquella vez.

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De cómicos y música de acordeón.

Mirada de cerca, la vida es una tragedia,

pero vista de lejos, parece una comedia

Charles Spencer “Charlie” Chaplin

 

Los lunes a las ocho de la noche, la calle quedaba vacía, en el pintoresco pueblito donde vivíamos, todos corrían a su casa a ver “el chavo del 8”, con la sabida excepción de mi casa, mi padre era un tipo al que la comedia de Roberto Gómez Bolaños le caía en el hígado, así que yo me hacia el despistado y me iba a casa de mi amigo Adán, a ver la tele a escondidas de mis padres, quienes muy pronto descubrieron la estrategia y con toda la pena del mundo me iban a sacar de aquel hogar donde yo moría de risa viendo como Doña Florinda golpeaba a Don Ramón sin mediar explicación.

Muy comprometidos con hacer de mí, un ejemplo de razones, me sentaron varias veces a la mesa de la cocina (lugar donde se resuelven todas las controversias en mi casa, como en la mayor parte de las casas en México), donde me comentaban todas y cada una de las cosas que estaban enseñándome valores erróneos en ese programa; pero yo concordaba por no discutir mientras buscaba la forma de a escondidas ver el show, porque era muy gracioso ver a alguien caer de bruces por tropezar con una pelota, pero más importante aún, porque los martes a primera hora en el salón de la Maestra Elvira, todos los niños comentábamos el programa, quienes no lo habían visto, eran marginales, y yo me negaba a no ser de los populares.

Cuando salimos del pueblo y llegamos a una Ciudad ya en extensión de palabra, la calle no se vaciaba a las ocho, la idea era estar en la calle hasta tarde, las escondidas buenas, esas que se jugaban en todo el fraccionamiento empezaban recién a las ocho y terminaban a las diez, hora en la que había que estar en casa, lo que había en la tele no pasaba de lunes a viernes, pasaba los sábados en la mañana, los caballeros del zodiaco, los súper campeones, el carisaurio y los moto ratones de marte eran el TT del lunes por la mañana, y separaban en clanes a todos los niños, había círculos alrededor de los pupitres donde se discutían estos asuntos, a más de que quienes no teníamos telecable, no queríamos que los que si tenían nos contaran que pasaría, ya que ellos iban más adelantados en las series.

En la casa mis padres pusieron cable, y no volví a tener tratos con televisa, hasta los domingos en la mañana para ver Chabelo, y a mediodía cuando jugaban las chivas y me sentaba con mi papá a apoyar al equipo y platicar de lo que había pasado en la semana, él trabajaba mucho y eran los pocos momentos en que nos juntábamos, a veces incluso con mi mamá, quien siempre tenía comentarios picosos para hacer las delicias del momento; al final del juego ponían una película de “Chente”, de “Pedrito Fernández” o de Chespirito (¿Qué tan ególatra debes ser para compararte con el hombre que escribió Macbeth?), mis padres se levantaban al final del partido y preparaban de comer, yo con mi general flojera no cambiaba el canal y así fue como vi “El chanfle” y “El chanfle 2”, y entendí todas las palabras que mis padres habían puesto en mi hace algunos años.

Las frases siempre eran las mismas, las situaciones eran básicamente iguales, nada más rotando los personajes, a veces caía a la alberca Carlos Villagrán, otras Ramón Valdés, estos dos son quienes en mi particular punto de vista cargaban con el peso de las situaciones, ellos eran la pareja dispareja, el hombre adulto de escasos recursos, y el niño mimado que siempre quiere molestarlo, uno era recio, de tatuaje de ancla y el otro en disfraz de marinerito, ya fuera vestidos de vaqueros, de gánsteres o de staff de futbol, ellos siempre hacían la misma fórmula, el fuerte y el débil, a esa forma de interactuar no le hacía falta nada, no había necesidad de que llegara el personaje en turno de Roberto Gómez, a golpear a alguno, o a tropezarse para rematar todo en un gag de golpes y porrazos, muy barato.

Nunca más tuve interacciones con el espectáculo que Roberto Gómez llamaba comedia, empecé a expandir mis gustos, mis conocimientos y sí quiero recalcar que eso no me hace superior a nadie, habrá quien sea más culto, y más inteligente e incluso más perspicaz que yo, un ser humano digno de admiración a quien le gusten los programas de Roberto Gómez Bolaños, porque los gustos son resultado del medio, todos los días oigo gente decir que soy un naco porque me gustan los corridos y la banda, y nunca tomo cinco minutos para explicarles que donde me cuidaban en el pueblo pintoresco me arrullaban con música de Ramón Ayala.

No me gusta el trabajo de Roberto Gómez, pero nunca desee su muerte, el problema es que en este país cada vez más tenemos que explicar nuestros gustos y a veces hasta defenderlos de quienes quieren hacernos cambiar, porque vivimos “en el error”, porque vienen a “abrirnos los ojos”, como si la uniformidad de criterios fuera una cosa tan buena, no quiero que nadie me diga que hago mal porque a veces me duermo oyendo a los Cadetes de Linares (como cuando era un niño), ni creo que tú que lees esto estés mal porque te ríes con algo que a mí no me hace gracia, cada vez más el puente de la tolerancia se hace más estrecho, y nos enfrentamos con los que son nuestros semejantes por temas muy simples, olvidamos las palabras de François Marie Arouet “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero daría la vida para que usted pudiera decirlo”, cosas cotidianas nos polarizan terriblemente, y nos dejan pensando en voz alta… “¡Oh! ¿Y ahora quien podrá defendernos?”.


 

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Ozymandias (de Percy Bysshe Shelley)

Conocí a un viajero de una tierra antigua

que dijo: “dos enormes piernas pétreas, sin su tronco

se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,

semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño

y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,

cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones

las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,

a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó”.

Y en el pedestal se leen estas palabras:

“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:

¡Contemplad mis obras, poderosos, y perded la esperanza!”

Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia

de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas

se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

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¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! (WALT WHITMAN)

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!

de sus preguntas que vuelven,

Del desfile interminable de los desleales,

de las ciudades llenas de necios,

 

De mí mismo,

que me reprocho siempre (pues,

¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),

De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos

despreciables, de la lucha siempre renovada,

De lo malos resultados de todo, de las multitudes

afanosas y sórdidas que me rodean,

 

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo

entrelazado con los demás,

La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que

vuelve – ¿qué de bueno hay en medio de estas

cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?

 

Respuesta

 

Que estás aquí – que existe la vida y la identidad,

Que prosigue el poderoso drama, y que

puedes contribuir con un verso.

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INVICTUS (de William Ernest Henley)

“En la noche que me envuelve

negra como un pozo abominable

yo agradezco al Dios que fuere

por mi espíritu inexpugnable.

 

Atrapado en este circunstancial lugar

yo he gemido pero no he llorado

ante las puñaladas que me deparó el azar

mi cabeza sangra, pero no me he postrado.

 

Mas allá de este lugar de furia y de lágrimas

me acosan las sombras con terror.

Pero tantos años de amenazas

me encuentran sin temor.

 

Ya no importa cuál fue mi camino

ni cuántas culpas he acumulado.

Soy el dueño de mi destino.

Soy el capitán de mi alma.”

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