La prueba de Li Jing.

Tras la conquista de Luoyang, el emperador Li Shimin ha ido poco a poco perdiendo a su mejor general y amigo, que lejos se ve ya aquel año de 633 cuando mandó a su general Li Jing con 30,000 ballesteros, 40,000 infantes y 90,000 jinetes al desierto de Gobidesde, una campaña sin precedentes en la historia.

Un triunfo militar que trajo de regreso a los combatientes con un gran desfile y honores, pero Li Jing regresó soberbio, fuera de las cualidades que lo habían llevado desde la parte más baja del ejército, hasta el puesto más alto en la escala de mando, ahora era jactancioso, indisciplinado y juerguista.

Pasaba las tardes y las noches (cuando no se alargaba hasta la madrugada), bebiendo en su casa o en un hostal cerca del rio, con mujeres, y recordando sus hazañas, rodeado de otros beodos, que no lo dejaban solo con tal que siguiera pagando tragos, casi siempre terminaba golpeando a algún infeliz que tenía la osadía de retarlo.

Guerrero de gran técnica, aun obnubilado por los influjos de la bebida, su agudeza con las armas y fortaleza física era superior a la de cualquiera, era muy recordada aquella noche de verano cuando por casualidad se topó en el mismo lugar con 6 guardias reales, a los cuales retó y venció… sin derramar su trago, el cual siempre mantuvo en su mano izquierda.

-“Oh de mí, ¿Qué será de esta encrucijada que me atormenta?, dejar a Li Jing seguir su libertinaje está causando estragos en el reino, pero mandar detener a mi antiguo amigo, significa firmarle una sentencia de muerte, ya que no se dejara apresar mientras viva”- pensaba el emperador, y una lagrima escapó hacia su mejilla.

En estas tribulaciones se sumía Li Shimin, cuando ante su presencia se apareció Sun Wukong, el Rey mono en persona, luciendo una cota de mallas dorada, capa de plumas de fénix, y unas botas especiales para caminar por las nubes, quien meneando su cola dijo: -“Nunca monarca alguno debe llorar, si tu problema es la errática conducta de Jing, yo te puedo ayudar, si confías en mis métodos”-.

El emperador acepto la ayuda del Rey mono, y le indico donde podía encontrar al General Jing, -“Son recién las cinco de la madrugada, seguro esta en las aguas termales a las faldas de las montañas Jiao, dándose un baño para quitarse el mareo del alcohol”-, así Sun Wukong partió sin dilación.

Mientras Li Jing se bañaba con dos guapas mujeres, apareció el Rey mono, blandiendo el Ruyi Jingu Bang (un báculo originalmente usado para medir la profundidad del océano con un peso de 8100 kilos), mientras miraba al General, golpeo el suelo con su báculo causando tremendo estruendo y esbozo una gran sonrisa.

Jing dio un gran salto fuera del agua, y justo se dirigía a aprestar su espada de doble filo, para enfrentar a Wuokong, cuando fue interrumpido por él, -“¡Detente inmediatamente! No he venido buscando una batalla, me han contado de tu gran fuerza y habilidades, y quiero proponerte un trato-.

El General se sintió ampliamente halagado, pues hasta el palacio de las nubes llegaba su fama, así que hinchando el pecho encaró al Rey mono diciéndole: -“Ante ti tienes al famoso General Li Jing, el más grande guerrero que el mundo haya presenciado, permíteme vestirme y vamos a mi casa, ahí podrás decirme con calma, que es lo que posees que pueda interesarme”-.

Mucho tiempo atrás Sun Wukong comió los Melocotones de Inmortalidad y las Píldoras de Indestructibilidad del Señor Laozi, y le dijo a Jing de que aun guardaba algunas, y podría dárselas a un simple mortal, que probara que su fuerza era mayor que la de ningún otro en la tierra; la ambición del General era tremenda, incluso mayor que su fuerza física, así que acepto oír lo que debería hacer para ganar tan jugoso premio.

-“Primero quiero ver que realmente eres tan talentoso como las leyendas cuentan”- dijo el Rey mono con voz serena, así que le indicó a Jing que su prueba previa, sería muy simple pero muy laboriosa, tendría que llenar un gran cono prodigioso con luciérnagas Huǒ, unos pequeños insectos, muy inteligentes, al ser capturadas apagan su luz y se vuelven invisibles al ojo humano, por lo que Jing solo sabría que el cono estaba lleno hasta que se encendieran todas en señal de que ya no cabía ni una sola más.

Durante largas jornadas vago Jing por los bosques buscando y capturando, con sus propias manos, cada pequeño insecto, por la mañana urdía trampas, colocaba cepos y por la tarde empezaba a colectar cada insecto que podía, la labor era desilusionante, pues al voltear al cono, parecía que nada había en él, se veía totalmente vacío, así pasó el tiempo, hasta que un día con el hastió rondando sus fuerzas y convencido de que el cono jamás se llenaría, una gran luz emergió del cono y se volvió una flama, alimentada por las luciérnagas que intentaban ahora escapar, era claro para Jing, había creado una antorcha que nunca se apagaría, ya que las luciérnagas Huǒ no mueren, mientras no estén solas.

Jing grito a todo pulmón, mientras agitaba la antorcha eterna –“Preséntate ante mi Sun, he probado mi valor, aquí está la llama que muestra que merezco la inmortalidad, baja de donde estés”-, al ver la luz, el Rey mono se apersono, tomo la antorcha y le dijo a Jing que se diera un baño y comiera bien, en 12 horas lo vería a la orilla este del mundo.

Al cumplirse el plazo, Jing se presentó en su armadura de general, recién pulida, le hacía ver intimidante, su máscara de demonio le daba aspecto feroz y causaba pánico en sus enemigos (aunque a decir verdad, sin la careta obtenía los mismos resultados), con sus armas listas, para cualquier desafío que Sun le planteara, sabía que se avecinaba una batalla y el famoso General Li Jing la enfrentaría con honor y valentía; el Rey mono sostiene la antorcha de luciérnagas en su mano izquierda y en la derecha una gigantesca esfera de cristal llena hasta la mitad con un líquido aceitoso, que Jing no distingue, y atada a una cadena de metal.

-“Esta es la cadena kunoichi, construida para detener a Tàiyáng (el sol), tu labor será dar la vuelta completa alrededor de la tierra, viajando de este a oeste antes que el combustible de Tàiyáng se agote, si logras hacerlo, el premio es tuyo, solo que hay una regla, si se llega a apagar, no puedes regresar por donde saliste, debes completar la vuelta a la tierra”- dijo el Rey mono, poniendo la cadena en manos del militar, quien empezó su camino.

Jalar el sol no requiere mucha fuerza, como es cristal en cuyo interior arde fuego, no crea un gran peso, la cadena por otro lado si es pesada, pero nada que un mortal de respeto no pueda cargar, la dificultad es que dar la vuelta a la tierra no es una labor rápida, si se hace a mucha prisa se corre el riesgo de perder energía y fatigarse, debe hacerse a trote lento, Li Jing lo sabe.

Tomando la cadena con ambas manos llega hasta las tierras de los Yaoguai, terribles criaturas, de pequeño tamaño pero muy celosos de su territorio, al ver a Jing jalando a Tàiyáng, se abalanzan sobre él con sus garras afiladas, el afanoso hombre ata la cadena a su cintura, toma su espada de doble filo y sin dejar de avanzar, se abre paso entre los demonios, cercenando todo lo que se interponga en su camino.

Logra librarse de una de muchas penurias que lo esperan, cruza sin problemas la parte oeste del mundo y tras algunos pasos, observa extinguirse la flama del sol, ha tardado demasiado y la misión ha fallado, no puede regresar por donde vino, así son las reglas, así que completa la travesía y se encuentra al rey mono, quien hace malabares con la antorcha.

Ha fracasado y encara a Sun, -“Merezco una segunda oportunidad, para ti es fácil, puedes dirigir el viento, separar el agua, conjurar círculos protectores contra demonios y avanzas 54 000 kilómetros de un solo salto, pero yo no, debo avanzar una pierna tras la otra sin conjuros”- Sun asiente con la cabeza, -“Descansa unas horas, mientras yo vuelvo a cargar con combustible a Tàiyáng, más tarde volveré a encenderlo y lo intentaras de nuevo”- Dijo Sun.

Li Jing se levanta y come un gran banquete que el Rey Mono ha mandado preparar para que vuelva a tener fuerzas, tras beber extracto de hojas de durazno, ha terminado la comida, vuelve a tomar el sol con la cadena y sale sin decir ni media palabra, paso a paso, vista al frente.

Los ojos fijos en la distancia, cruza por la parte media de la tierra, ya que debe nadar por los enormes océanos y el agua es más fría hacia las partes las altas, por lo que podría perder la vida ahogado en el intento de llegar al oeste, pasa el territorio de los Yaoguai sin sobresaltos, hasta los demonios reconocen su tenacidad y le permiten paso libre.

Tàiyáng empieza a languidecer, su llama no es tan cálida y refulgente como hace algunas horas, Li Jing teme que no lo va a lograr, así que aprieta el paso, toma lo último de sus fuerzas, ya puede ver las montañas Jiao, está muy cerca la meta, corre con todas sus fuerzas, y llega hasta el punto desde donde partió, el Rey mono lo observa y señala a Tàiyáng que hace varios minutos que se ha apagado.

Li Jing observa a Sun Wukong, se arrodilla y exclama: -“Sé que lo puedo lograr, solo debes dejarme una oportunidad más, casi lo logro, ¡oh gran inmortal! Déjame solo una vuelta más, Sun pone a su disposición a las mellizas Ping-Ming, que serán las encargadas de darle de comer y bañarlo por los siguientes días, mientras Jing sale cada mañana con el sol al hombro, para ganar su inmortalidad.

Así pasaron las semanas y una tarde de invierno se encontraba en sus jardines Li Shimin, cuando ante su presencia se apareció Sun Wukong, el Rey mono en persona, luciendo una cota de mallas dorada, capa de plumas de fénix, y unas botas especiales para caminar por las nubes, quien meneando su cola dijo: -“Tanto tiempo sin verte, encuentro tus tierras prosperas y muy tranquilas”-; tras esto explico al monarca el trato que tenía con Li Jing.

-“¡Insensato! ¿Cómo has podido prometerle la inmortalidad a Jing? Es que no te das cuenta que él no descansará hasta lograr la meta que se ha trazado”-, le dijo muy enojado Li Shimin al rey mono, quien no dejaba de sonreír y menear su cola, mientras recibía una soberana reprimenda por su conducta irreflexiva.

Sun Wukong solo dejo de sonreír para responder –“Hace muchos años que comí los melocotones de inmortalidad y las píldoras de Indestructibilidad del Señor Laozi, nunca guarde nada de eso, ahorrar no es una de mis virtudes, pero eso Jing no lo va a saber, hasta que haya pasado mucho tiempo, mientras tanto disfruta ver como el sol sale y se mete cada día”- y tras decir esto, subió a su palacio en las nubes.

Y cada 600 años baja de su palacio en las nubes, y renueva el trato con Jing, quien no se dará por vencido, el sonido de sus pies hace estremecer el suelo, jalando a Tàiyáng, cada mañana, en su armadura de general, con sus armas listas, para cualquier desafío, con la pesada cadena en sus hombros, firme en su determinación de ganar la inmortalidad, y a su paso, demonios y criaturas de la tierra, abren paso y saludan con respeto a Li Jing, de quien pocos saben su verdadero nombre, el resto solo lo conocen como “El noble guardián del sol”.   

Esta tan ocupado, jalando de la cadena del sol, que no se ha dado cuenta, la leyenda de su nombre y no otra cosa, ya le han ganado la inmortalidad, el Rey mono, tiene formas muy picaras, pero siempre cumple sus promesas.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s