CUATROCIÉNEGAS

Para servir a la patria

nunca sobra el que llega

ni hace falta el que se va.

-Venustiano Carranza.

 

“-Ahora si te pasaste de pendejo, pensaba Luis Ríos”. Al tiempo que contemplaba el mostrador de Ómnibus de México, a perderle el amor a una lana y a dilapidar la dignidad, porque la tirada iba a estar bastante larga, pagó su boleto y aprestó la mochila negra que nunca cambió, a pesar de sus años de servicio, se sentó a esperar media hora y entonces oyó esa bocina que nunca se entendía de las centrales viejas, no se deducía bien pero seguro que dijo 315 y ese era su camión, once y media en punto subió al camión, con muchísima pena.

Qué momento tan ingrato era el viaje en camión, desde muy pequeño estaba acostumbrado a camiones, y desde muy pequeño no se encontraba por ningún lado a su gusto, muchacho más bien inquieto, estar confinado a número de asiento lo ponía nervioso, solo de pensar en eso; así avanzaba el estrecho pasaje contando, nueve, once, trece, quince… ¡aja! por fin el suyo, para colmo de sus males ya no había ventanas, así que a tomar pasillo.

El juego de las probabilidades es bastante complejo, puede que tus chances sean una en un millón, pero si había alguien que hubiera viajado en un millón de camiones ese era Luis Ríos, y ese día era la una esa que andaba faltando, en la ventana contigua a él, una norteña clara de aspecto muy recatado, sencillamente encantadora, el viaje era largo y no había necesidad de mucho glamour, Luis se sentó intentando conservar la calma, dominador del asunto, sacó un libro que ya hace mucho había querido terminar “La carrera hacia el poder” de Jeffrey Archer.

Pasaba hojas, pasaba hojas, nada que se concentraba, el aroma del perfume de aquella mujer no le dejaba poner los ojos en el papel, pero cinco minutos de lucidez y el inclemente sol de mediodía le dieron la pauta, “-Disculpe señorita, pero si Usted gusta yo me cambio a la ventana para que el sol no le toque directo, más tarde que baje un poco con todo gusto le regreso el asiento”, discreta sonrisa, hasta eso tenía bonito, aquellos labios hacían una curvatura expresiva y preciosa, “-sí, gracias que amable, porque me vengo quemando, contesto en voz bajita”.

“-Mucho gusto, Luis Ríos… servidor”, “-tanto gusto Luis, yo soy Lucero”, en las siguientes horas Luis ira haciendo eso que él llama “charla de pared” preguntas cortas y concisas que tras ser respondidas puedan encerrar un “¿y tú?” que le indique si la otra persona quiere seguir la conversación, una táctica vieja pero confiable como no hay dos, Lucero  no era de mucha platica, y Luis no era de su total agrado, pero en esa autoimpuesta privación de la libertad que es un viaje largo en camión, parecía la compañía perfecta, en cualquier otro escenario la suerte de Luis no sería tanta.

Pregunta de ley tras unos momentos “-¿Para dónde vas?” inquirió Luis, “-voy para Cuatrociénegas ¿y tú?”; La mente es tan relativa, 500 pensamientos cruzan por ella, mientras afuera solo ha pasado un segundo, pero más aún asombra como podemos acomodar todo en ese segundo, “-Yo también voy para allá” respondió Luis levantando las cejas, y haciendo su mejor expresión de sorpresa, era una mentira vil, en realidad se dirigía a Saltillo ya que un amigo, lo invito a una reunión que se hacía en un rancho propiedad de su familia en Coahuila.

Luis no era un mentiroso habitual, a menos no de mentiras negras, que por coloración deben ser el antónimo de las blancas, pero si un pequeño conocimiento había puesto uno de sus mentores en asuntos femeninos, era que a las mujeres les encantan las coincidencias, les da la habilidad de despojarse de las moralinas cursis, ya que lo que pase será solo causa del destino y ya estaba escrito, no estaba en sus manos causarlo o frenarlo; la posterior charla de Lucero era relajada, como si ya se conocieran de tiempo… “-eras un chingón abuelo” pensó Luis mientras veía a aquella dama acomodarse el pelo con un elegante gesto.

Lucero era de Estanque de Norias, la tercera de cuatro hermanos, siempre fue apoyada por los dos mayores, para salir de la comunidad y estudiar, ahora estaba en segundo año de psicología, viajaba a Cuatrociénegas para visitar a su abuela, ya que el sábado era su cumpleaños, y coincidentemente el lunes no tendría clases así que había forma de hacer la travesía de casi 24 horas contando el viaje redondo.

Si alguien puede contar la historia de la vez que fue a una boda jodida en Guatemala, como el exitoso tour de fiesta por el extranjero, ese es Luis Ríos, no es que sea un exagerado, es que en su particular modo de ver, tener donde dormir y comer ya era viajar a todo lujo, mochilero de corazón, no solo transita así, igual vive ligero de equipaje, claro que platicar con él empieza a deleitar a Lucero, quien cada vez más le pregunta cosas más profundas, hasta derivar en un charla más digna de ser recordada.

La noche se tendía sobre la tierra, cobijando de oportunidades todo aquello que en el día parece imposible, “-me siento algo cansada ¿te importa si me recargo en ti? Es solo para dormir 15 minutos”, dijo Lucero con una voz ya más bien melosa, “-por supuesto, anda”, respondió un balbuceante Luis Ríos, ¿Quién lo diría? El que pensaba que venía en la avanzada, de repente era el peón del juego,  tras acomodarse, Lucero le dijo a Luis que moviera el brazo detrás de ella así podría terminar de leer su libro con la luz del camión, que sutil forma de decir abrázame delicadamente, era sin duda una profesional, Luis solo se limitaba a obedecer, como una cascara de nuez flotando alegre sobre un riachuelo, no era dueño ni de sí mismo, “-que bonita es la libertad” pensó.

836 kilómetros después, la mente del joven no deja de pensar en cuán lejos ha llegado, y como ahora solo tiene dos opciones, bajarse en Saltillo, dirigirse a casa de su cuate y pasar el fin de semana tal y cual lo había planeado desde el lunes de la semana pasada, un plan seguro; o seguirse para Cuatrociénegas, detrás de una mujer que no le había prometido nada, en espera de que algo sucediera, de alargar la suerte, teniendo en mente, que era un tiro de muy larga distancia y sin garantía de nada; a muy temprana edad ha entendido que en eso se resumen todas las decisiones de la vida, ir a la segura o perseguir el sueño.

Las once y media de la noche y el camión por fin llega, Luis aún sigue sentado del lado de la ventana, Lucero nunca se lo cambio ya, así que debe esperar a que su temporal compañera de viaje se levante para tomar su mochila, aun sin saber que sigue, ella se levanta, toma su bolsa y le pasa la mochila a Luis, “-Acompáñame por mi maleta por fa” dice muy animosa, desde luego que él desciende del autobús y va a reclamar el equipaje, de ahí al mostrador a comprar boleto a su siguiente destino, Lucero lo toma del dedo meñique de la mano izquierda, él suda y le pide que le permita un momento, extrae de su cartera una tarjeta ladatel y se encamina a un teléfono público, “-Carnal, no pude conseguir boleto, no voy a llegar a Saltillo, nos vemos cuando regreses”, fue todo lo que le dijo a su amigo, colgó y se enfilo bien seguro hacia Lucero, y la volvió a tomar de la mano.

“-Ahora si te pasaste de pendejo, pensaba Luis Ríos”. Al tiempo que contemplaba el reloj, la mano grande y la chica apuntaban hacia el cielo, seguro que era una señal, volteo a ver a Lucero quien no soltaba su mano, aun les quedaban 3 horas antes de que saliera el siguiente autobús, así que cenaron como en las Centrales se cena, café y un par de donas de hace 2 días calentadas a golpe de foco de 100 watts, si alguien llegara a preguntarle, Luis diría que ninguna corporación hacia mejores donas que aquellas que comió en Saltillo.

Por fin aquella bocina que donde quiera sonaba igual, a una especie de árabe mezclado con español, Luis despierta a Lucero y se dirigen al camión de segunda, no mucha gente viaja a esas horas, menos a un municipio chico, toman sus lugares, Lucero sigue durmiendo y como una especie de cábala continua Luis sentado en la ventana, no puede seguir leyendo, pero no deja de darle vueltas a mil ideas, desde la carretera observa el cerro del Mercado, y por fin la civilización, “-que rápido llegamos”, piensa Luis, y despierta a su compañera, quien con aquel delicioso acento coahuilense le responde “-Aquí a penas en Monclova tontito, anda duérmete poquito”, Luis obedece sonriendo, lo mejor será ya no pensar y descansar.

De la ruta 57 a la 30 Luis cae en tan profundo sueño, que no observa antes de llegar el Área de Protección de Flora y Fauna de Cuatrociénegas, que es un espectáculo maravilloso a esas horas de la madrugada, en fin que no siempre puede venir uno atento a cada pequeño milagro, desciende en su destino, Lucero toma su tarjeta ladatel y se encamina a un teléfono público, ya viene su familia por ella, Luis inventa que no encuentra a su amigo, que no le contesta el teléfono y antes de que se dé cuenta esta invitado al cumpleaños de la abuela de Lucero y viaja en la parte trasera de una Ford F-150 hacia Estanque de Norias.

En medio de un valle, rodeado por la Sierra Madre Luis se dio cuenta de las miradas inquisitorias, no era para menos venia acompañando a “la nena” de la casa, nadie le hace preguntas incomodas, de hecho con la clásica hospitalidad de los pueblos pequeños de México, lo sientan, lo alimentan y se le hace platica en una especie de “speed date”, primero se sienta un tío, luego un primo, alguna amiga de la familia, hasta que Lucero termina de ayudar a las señoras a servir y se cambian a la mesa de sus amigos.

La música norteña continuara hasta las 3 de la mañana del domingo, que es el día idóneo para ir al Rio Mezquites, así que se desayuna ligero, y parten hacia una tienda grande a las afueras del pueblo, carne, carbón, cebollitas, etc., lo tradicional para la carne asada, y enfilarse sobre la carretera 30, por primera vez Luis siente que decidió correctamente, al llegar el lugar no es nada fuera de lo común, las palapas son sencillas, el olor a asado inunda la zona, y por fin se mete en aquellas cristalinas aguas, y para su sorpresa el agua esta tibia, y la familia de Lucero como buena gente del norte no para de reírse con las historias de siempre, de personajes pintorescos del pueblo.

En la noche hay que ir a misa, Lucero sale de vestido y zapatitos, Luis anda con ella del brazo por el quiosco al salir la iglesia, una película de Pedro Infante (que no le han gustado nunca, y paradójicamente lo está viviendo tal y cual), deambulan por el centro y encuentran donde cenar, Lucero no deja de hablarle de todas las cosas que el municipio ofrece; dentro de algunos años Luis tomará el periódico una mañana en el 2012 y leerá sin sorpresa que Cuatrociénegas obtiene por fin la declaratoria de “Pueblo Mágico”, “-se tardaron mucho” piensa mientras da otro sorbo a su café.

La madrugada del Lunes Luis es despertado temprano para ir a leña, un pretexto más de la familia para conocer a quien creen es un futuro integrante, al regreso y después de un baño, uno de los desayunos más memorables que un nómada como él haya tenido, seguido de la insistencia de Lucero de ir al Museo de Carranza, Luis no tenía ni idea que Venustiano Carranza hubiera nacido en ese lugar, a pesar de la insistencia de varios maestros durante su infancia.

En la entrada de la antigua casona que se edificó en los principios del siglo XIX, Lucero firma con su mano izquierda el libro de visitas y se niega a pagar un guía,  pasara las 10 salas de exhibición de fotografías, esculturas y objetos personales del caudillo explicándole casi todo de memoria a Luis, él duda de tener capacidad suficiente para concentrarse en tantos datos, pero hace su mejor esfuerzo, esta asombrado por la historia, por el lugar y por la guía, sin embargo sale de ahí y años después recuerda casi cada dato; uno de los ejercicios que marcaran su vida, acompañarse de una mujer  bonita para estudiar, si algo ayuda a que se concentre es oír una voz dulce a su lado.

Camino de regreso Luis escuchara un poco más de la tierra de Lucero, de la vida de Carranza, la Feria de la Uva y el Festival del Globo, pero ya nada será igual, porque básicamente las costumbres del pueblo nunca serán las de la ciudad, aparte de que no hay modo de detener el tiempo, ya no será nunca más ayer, esa edad, así como los las aguas del rio mezquites nunca volverán, y así es como Dios lo dispuso, Luis regresara un par de veces más a Coahuila, pero nunca más a Cuatrociénegas.

Mil años después Luis regresa a la central de autobuses, no hay forma de tener un deja vú en ese espacio, ya no es ni la sombra de lo que fue cuando era joven, las bocinas que eran más inútiles que los lavamanos en el baño de hombres, han sido reemplazadas por modernas pantallas planas que indican tipo de servicio, horario de salida, precio y andenes donde salen, la sala de espera única ha sido cambiada por un espacio dividido por línea de autobuses, todas con cómodos sillones y servicio de café.

Antes de subir a su camión una muy amable mujer le brinda una pequeña bolsa plástica con un sándwich, una fruta y un refresco, avanza hacia el segundo piso de la unidad, equipada con baño, Internet vía wifi, servicio de café y pantallas individuales en los respaldo de los asientos que ahora son totalmente reclinables, camina por el pasillo y a un lado de él una mujer más bien joven, hasta cierto punto guapa, Luis toma su asiento.

La edad da experiencia y calma, totalmente dominador del asunto, sacó un libro que ya hace mucho había querido terminar “El sueño del celta” de Mario Vargas Llosa, y de reojo vio a aquella mujer viendo en su Tablet “Breaking Bad”, y una vez más el sol de mediodía, “-Disculpe señorita, pero si Usted gusta yo me cambio a la ventana para que el sol no le incomode en la pantalla, más tarde que baje un poco la luz con todo gusto le regreso el asiento, es que se va a perder la idea de cómo hace una batería para auto”.

Ni media palabra ha recibido Luis en respuesta, ni un gesto por mínimo respeto, que mejor que no insistió o hubiera visto a aquella mujer sacar su Galaxy III, abrir whatsapp y escribirle a su amiga “-Me toco un idiota al lado, que me quiere hacer platica, y no mames we trae un libro, de hueva”, Luis sigue la lectura, avanza bastantes páginas, cierra su libro, y no puede evitar pensar, ¿Cómo le hacen los chamacos de hoy en día?, ¿Cómo le hacen para aprender acerca de Venustiano Carranza?.

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