Sigo ranchero y gallardo.

“…de un color fuerte negro y brillante, 

de estampa imponente que chulo animal,

obediente es todo un caballero,

que pa’ ser perfecto le ha faltado hablar”.

-Alfredo Ríos.

 

Hay que tener una casa propia, no para poder desarrollar un proyecto de vida, sino para no ser un tipo promedio; hay que tener una pareja estable, no un amor, no una complicidad, no una persona con la que te digas “te amo” y “como me chingas” con la misma sonrisa burlona, simplemente una pareja estable, porque estar solo es hacer el fail  social; se debe procurar un trabajo apasionante, porque un trabajo regular que ponga verdes en el azul no basta, debe ser con adrenalina, o con componentes modernos, desarrollador de apps o alguna cosa así, todo muy trendy; esta carrera debe ser altamente prometedora, para que destaques de entre las multitudes, con el pecho hinchado, y la cara en alto; obviamente planes de tener hijos, viajes, un auto.. Y sobre todo un perro para abrazar en la idílica fotografía del perfil de Facebook, causando la envidia de los amigos, porque ¿Para qué ser exitoso?  Sin los likes de aprobación de extraños, que dan sustento a este sentido de triunfo.

Por todas estas quimeras, cada vez más jóvenes adultos que hoy están en sus 30, o que se acercan al umbral de la década, tienen esa sensación de frustración y desconcierto, frente a todos los ideales (propios o ajenos) que abrazaron años atrás y aún no llegaron a cumplir, porque cada vez más se vive para otros, una sociedad de consumo que exige éxitos de manera constante, pero no laureles personales, no, quiere esos estándares de distinción propios de una masa a la que cada vez se le exige ser más uniforme, y eso no existe más que en los comerciales de todas las cosas que se nos intentan vender.

Por eso me gusta estar lejos de tentaciones de diseño, no deseo más que los triunfos personales, esos que se ajustan a mis necesidades, los elaborados artesanalmente, aquellos laureles donde nadie más puede ver realmente una oportunidad de ganar, sigo siendo un chamaco cabrón y espero que eso se mantenga sin cambios, las pequeñas travesuras las cuento como mis mejores momentos, días como cuando voy al estadio, tener ese momento particular para mí y mis correligionarios, es una conquista.

Mantengo bien claro que soy de un pueblo pequeño, crecí entre las palabras de mis padres y calles de empedrado, veredas rurales y el olor a ganado, no me afrenta en lo más mínimo, es más cada que puedo lo presumo, porque yo tuve la bendición de tener la infancia de ámbito bucólico y la madurez citadina que tanto se pregona en las canciones de José Alfredo Jiménez, que si tanto escribió de eso es que muy bueno será, y no digo jamás que el medio donde crecí haya detenido mi desarrollo, por el contrario,  las horas más felices de mi niñez fueron gracias a que divertirse en el rancho necesitaba grandes dosis de creatividad, cosa que agradezco a mi Dios y canto como victoria.

Recuerdo grandes historias de mis abuelos, de los 4, no mucha gente puede cantar eso, y no solo recuerdo las historias, en mi mente zumban todos sus consejos como una colmena de agitadas avispas, a la sombra de esos consejos intento normar mi conducta lo más cercano a lo que creo que es la educación que recibí, así a la antigua, sigo sin rasurarme (porque los príncipes se afeitan diario, el rey ¡jamás!), mantengo bien en alto que las facciones de los hombres deben ser diametralmente opuestas a las de la mujer, no bajo la bandera de la “retrosexualidad”, pero tampoco impongo nada a nadie; y no me da orgullo confesárselos, pero si uno que otro día, me pongo mis pantalones a lo one direction, en un ejercicio de no cerrarme a las nuevas tendencias, para un sujeto tan intransigente como yo, eso lo marco como un éxito.

Temprano por la mañana un baño caliente, me enfundo en una camisa de todo mi gusto, perfume de ese que hace voltear a ver, desayuno como el Rey Leónidas, abro la puerta de mi oficina y realizo mi labor, entre las horas pasan las semanas, las mañanas se hacen tardes, voy al cine, a la plaza, a comer con los amigos, las tardes se vuelven noches y voy a mi cama, bajo el techo que yo procuro, veo tele y religiosamente las noticias de la noche,  a veces queda tiempo para unas papitas (es un mal hábito que no me quiero quitar), y duermo como un bendito (con Ramón Ayala en mis audífonos), no quiero que nadie me diga que eso no es triunfar de forma redonda en la vida.

Cuando las cosas me salen exacto como las planeo, agradezco a mi Dios, a mis padres, a quien me haya ayudado, e intento ser elegante en el triunfo, cosa que me cuesta trabajo, y si no salen como quiero, a nadie culpo de lo que sucedió, no tiro mi dedo flamígero para señalar al crupier por las cartas que me tiró, me quedo un momento a serenarme y a pedir a un poder superior sabiduría para entender sus designios, reconstruyo mis planos sin decir ni media palabra de mi derrota, con mis herramientas: serenidad y paciencia habrá que renacer, y así lo intento… aprender a perder como un hombre es el más grande triunfo que se puede tener, después de eso, el mundo es tuyo y todo lo que hay en él.

No se equivoquen, claro que tengo triunfos estándar, bendito sea el supremo arquitecto no son pocos, algunos serán quimeras imposibles para muchos de mis semejantes (porque soy un consentido de Dios), pero esos… no son los que me hinchan el pecho, desde luego que soy parte de la masa, pero esas cosas no determinan mi personalidad, lo material está lindo y da satisfacciones, pero lo demás, lo accesorio a la persona es lo que canto como adquisiciones; mantengo el blog surtido (tanto como puedo), juego más con cosas ridículas en el mismo, y sobre todo, cuando hago una travesura, como iniciar el escrito, no con una frase de un escritor laureado, sino con un párrafo de un corrido de “El Komander”, pues me gana la risa, mantengo lúdico mi espacio, y espero que Ustedes disfruten eso.

“Welcome to the remix” porque lo que viene aquí, es solo la misma persona que he sido siempre, pero en una versión totalmente nueva, como cada año, voy a intentar reinventarme y que eso se sienta en mis letras, voy a intentar ser más auténtico, y como siempre no dejarme seducir por los Trending topics, prometo solemnemente no perder el juego de las palabras, gracias por venir a visitarme, y muchas más gracias por revisitarme, tengo un número significativo de visitas en las entradas antiguas y eso pues… NO TENGO COMO PAGARLO; quiero cerrar con las palabras del inmortal poeta latinoamericano Gerardo Ortiz “Tengo todo lo que he deseado en la vida, y el dinero aquí es donde participa, tengo cosas importantes, mi familia y estar bien con el de arriba”.

Dios los bendiga hoy y siempre por venir a leer SU zona de tolerancia.

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