PLATO FUERTE

“Conservar la salud

mediante una dieta exagerada

es una fastidiosa enfermedad.”

 

Comer es obligación/deleite, de entre todo eso a lo que estamos encadenados para subsistir, comer es la única cosa que conserva ambas nacionalidades, por ende es, sin lugar a dudas la más satisfactoria imposición de la naturaleza, la cocina es una religión henoteísta por definición, en la que cada uno defiende como superior a quien más le place.

El sacerdote es un ser excepcionalmente sensible, su labor parece fácil pero en hacerla ver sencilla es en donde estriba su poder, basta con que cualquiera ponga alimentos al fuego, para que esto lo eleve de su calidad de simple mortal.

Pocas cosas nos conectan tanto con nuestro lado tribal y salvaje, como reunirnos en torno a la estufa, para observar el ritual del preparado, somos parte del sacrificio y ahora de la ofrenda, adoramos al cocinero y el a su vez regresa esa pleitesía en forma de alimentos humeantes, que es el único momento en que el alma de los víveres es visible.

Recorremos las rutas y los poblados, caminamos el mundo si es necesario por “ese sazón” el raro, el diferente, el exótico, el tradicional, no importa, valdrá la pena, cada día descubrimos estrellas, o razas de animales, pero cuando nuestro paladar descubre un sabor que nos estimula, ese momento es digno de escribirse en piedra, puede ser aquella felicidad completa de la que siempre se habla.

La cocina es la religión, el que prepara es el sacerdote y los alimentos son su deidad, y es la única deidad comprobable por métodos científicos, quienes juegan a reproducir la vida en formas artificiales, prefieren la Gastronomía Molecular, que es la aplicación de la ciencia a la práctica culinaria y más concretamente al fenómeno gastronómico, una forma de cocinar que se aparta de las tradiciones, donde se usan productos químicos, como la metilcelulosa, la cocina  molecular o tecnoemocional, llena sus platos de gelificantes y emulsionantes, una verdadera visión del futuro.

La cocina vive hoy, quizá su etapa más oscura, aunque queramos negarlo, la gente se empeña en bajar de peso, negándose placeres que bien llevados son benéficos, comer no es malo, lo malo es este cúmulo de malas enseñanzas que vivimos.

Buscamos alimentos baratos, o rápidos para adaptarnos a este ritmo de vida que nos hemos impuesto,  por eso, esas pausas para buscar la comida lenta u orgánica, que es más costosa, nos hacen felices, por eso comer es un ejercicio cultural, que se realiza en grupos, porque no puede hacerse oración solo, el sonido de la cuchara contra el plato, una porción de carne golpeando el asador, el liquido llenando el vaso, son los instrumentos que decoran esta ceremonia.

Moldeen a su comedor, llénenlo de su plato favorito, pero no se conviertan en fundamentalistas recalcitrantes, ni beatos, a nadie le gusta la gente que vive en misa y a cada momento se persigna, guarden las horas necesarias para cada servicio, confíen en su salvador y crean en el… corran a la mesa, al merendero, al restaurant, a la parrilla o donde Ustedes quieran, porque esta religión se sigue en todos lados… y espero que este año se vean colmados de alimentos ¡BUEN PROVECHO!

Mención muy muy aparte a mi madre, quien es la profeta y sacerdotisa de la cocina de la casa, y quien invoca mis más grandes santos sus mundialmente famosas “verdolagas con carne de puerco” y el santísimo “pollo en naranja”… alabados sean los tres.

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Una respuesta a PLATO FUERTE

  1. zzzurdita dijo:

    Como toda religión… a veces va perdiendo los ideales. Aquellos que son “guías espirituales” terminan convirtiéndose en un simple y vulgar vendedor… un personaje que nos vende las delicias fritas con aceite exageradamente quemado… nos pone la lechuga que le sobró… le echa cal a la masa que ya se agrió… Como en muchas otras religiones… los valores se deforman hasta convertirlos en negocio. Sin embargo no sufro, porque para eso aún hay lugares donde lo importante es el sabor y no la simple “llenadera”, y te dan un espacio para este rito compartido, sin necesidad de que te echen antes del postre.

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