Credo quia absurdum

Como una figura de plata sobre un cristal delicado,
Un baile bien diseñado fue su existencia y su vuelo,
No cabe en los altos cielos ni en las páginas marchitas,
El negro aquel de su pelo que no perfuma la brisa.

Cuanto quedó entre tinta y papeles desprendidos,
Fugitiva ave de fuego, que a la aurora ya comanda,
Nunca más verdad ni sueño, ni químicos encendidos,
Ni virgen de los risueños, ni pecar como Dios manda.

Magia desconsoladora, que exorcizas la alegría,
Que no termine la noche, que no empiece el otro día,
Déjenme entre mi mundo, que no correré las horas,
Desde el día tres al cinco, saltamontes de auroras.

Palabras que van entrando a bayoneta calada,
Y risas descontroladas de manicomio indecente,
Si no se ha perdido nada ¿Por qué llora esta gente?
Debe ser eso que llaman la nostalgia del presente.

Morirse es tan natural e incluso tan convincente,
Amarse es un accidente con presuntos responsables,
Un violencia implacable, una violencia indebida,
Es quedarse a contemplar… como no pasa la vida.

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