DOMAINE 1992 (2ª parte)

Uno se acerca al final del viaje;
Pero el final es un objetivo, no una catástrofe.
George Sand.

Desespera la mañana del 4 de marzo, el reloj avanza movido solo por los sueños de los condenados a levantarse, y al mismo ritmo que ellos enfilan hacia el pasillo, las agujas cada vez más pesadas del reloj, se mueven por cobardía, que si fueran más valientes harían caso omiso de todo y se quedarían quietas, solo para demostrar que pueden detener el tiempo; ideas que nacen en la taza de café de Nicandro y van a morir en su cabeza, que mira hacia ningún lado.

-Calmate y espera, que ya llegaran- le dice Hellen en tono maternal, pero los oídos que esperan dentro de sus locuras, creen que si se agudizan mucho pueden oír el ruido de pasos entre la calle, y no escuchan usualmente a la gente en derredor, es un error común, perdemos de oído lo local, por enterarnos de lo mundial, Hellen lo mira un momento y lo sabe, no lo sacara de su aldea interior, así que camina hacia la ducha, primero un baño tibio y después a rendirle culto a la cocina.

Baja delicadamente la escalera, entra a su recinto, cada pequeño detalle ahí ha sido exacto como ella lo ha pedido, incluso eso de demoler una pared para que pueda poner un pequeño horno de piedra, esta debe ser sin dudas la más perfecta obra de tecnología y buen gusto que haya en la tierra, equilibrio entre poder, ciencia, arte y religión, absoluto silencio, que a Hellen si algo puede motivarle es el ruido de las cosas cuando se rebanan, parten, hierven, sofríen, gratinan y la campana de su horno eléctrico, eso es una verdadera sinfónica; pero hoy no sabe bien que desea, toma jugo de arándano y agua mineral, piensa profundo; cuando es interrumpida por Nicandro, -hoy para almuerzo, mariscos hervidos como mejor quieras, he traído frescos esta madrugada, y una pasta a las finas hiervas, no sé si quiero fetuccini o capellini, sorpréndeme cariño, anda anda anda- y salé de aquel lugar, como quien ha cumplido un deber.

-¡Que descaro tiene este tipo!- pensó Hellen, -venir aquí a ordenarme como debo hacer las cosas, cuando yo misma aun no decido si la mañana esta para una cosa o la otra, que falta de respeto a mi forma, a mi talento-, para ella aquel gesto, no solo era un desplante machista ante sus reales envestiduras femeninas, sino una falta total de respeto al lugar de inspiración y descanso que ella tenía en la cocina, por eso la siguiente decisión se volvía crucial, como siempre en estos casos, no es lo que importa el acto, sino la consecuencia que de él se encarna.

El tiempo avanza entre las decisiones de la mujer y la desesperación del hombre, justo como sucede en las grandes orbes, que los hogares no son mas que tubos de ensayo, donde se prepara la formula de la vida moderna, todo se vuelve color y forma al oír la puerta, -¡llegaron!- ha dicho Nica, y sale disparado, movido por una fuerza superior a la de su edad, abre la puerta, abraza a Novik, -tranquilo hermano, que estos huesos los uso yo, me los estas mallugando- le ha dicho Vik, se suelta del cariño de su hermano y avanzan a la sala, -ven, déjame que te instale, sube, sube ya que hay que hacer mil cosas, mira como he decorado tu cuarto, conserve casi todo como tu lo habías dejado, solo le di un toque modernista- le dijo Nica, Vik contiene la lagrima entre sus ojos, millones de recuerdo se aglomeran en su mente y pasan a la vez, -voy a desempacar- le ha dicho a Nica, quien adivina en su voz, que hay que dejarle solo un rato, (a demás del hecho de que su hermano, no trae maleta, solo una mochilita, habrá que darle espacio a la mala excusa) la fecha es emotiva, y el regreso a casa la hace siempre más nostálgica.

Novik sueña, sueña siempre de hecho, pero la mas de las veces lo hace despierto, en todo aquello que gira en su mente siempre hay un poco de sueño y un poco de realidad, pero hoy sueña en su cama, pocas camas llegan a ser tan nuestras como aquellas en que dormíamos de jóvenes, por malas que estuvieran, siempre estaban cargadas de un halo de gozo, de sueños de juventud, que son, sin lugar a dudas el mejor somnífero de la tierra, el sueño de Vik, y el trago que se sirve Nica en el “hall”, solo pueden ser interrumpidos por un sonido, los gritos de Mesio, que como un desquiciado, pone la calle pies arriba, pues viene gritando desde la esquina contraria, ambos hermanos salen a recibir al que faltaba.

Todos hablan a la vez, se tocan las caras, se pican el estomago, incluso se amenazan con los puños, como todo hombre que simpatiza con otro hombre, hasta que la sensatez toma posesión de sus cabezas, -están haciendo el tonto en medio de la calle- a dicho Mesio, y echan a reír, caminan a la sala, y como siempre han de dejar que el mayor hable, -son lo mejor de mi vida, que grandes se han puesto, tras el cambio de estado de nuestros viejos, me he sentido más que nunca, en la obligación de cuidarles, pero ha sido demasiado fácil, si ustedes han hecho todo así- casi llora ante sus hermanos, pero después recuerda quien es, y se contiene, ahora vamos al comedor que les tengo algo.

El comedor es un fastuoso saloncito, de puerta blanca corrediza, todo puesto en un orden cardenalicio, incluso las tenazas para los mariscos, con tal cuidado, que parece sacado de una revista de hogares y buen vivir, -mira hermanito- ha dicho Nica dirigiéndose a Vik, -vino blanco joven, Vegaverde, observa el año, destápalo, anda quiero que tú me des una opinión, de toda la tierra eres el único enólogo a quien dejaría meter la nariz en mi cava- Novik observa las tres botellas de la mesa, y con la divina delicadeza que el primer brindis requiere, destapa solemnemente el vino y sirve un poco en su copa, y empieza el ritual de catarlo, lento, pausado, Mesio mira aquella escena y quisiera grabarlo, -mi hermano es todo un maestro- piensa mientras no mueve un musculo de la cara, Nica mira confiado, sabe que lo que le ha mandado a su fraterno es calidad; Novik baja la copa, mira a Nicandro, quien solo puede decirle -¿Y?-, -pues a mí me sabe a uva- ha dicho Vik, quien se echa a reír junto con Nemesio, ante la mirada de su hermano mayor, -te la ha hecho impresionante, debiste ver tu cara cuando te lo dijo- añade Mesio, Nicandro no puede decir mucho, los Mena son así, de humor negro, aparte son sus hermanitos, no se enojara por una broma.

El desayuno va a servirse, un poco tarde para dar tiempo a que vayan al camposanto, después una merienda y finalmente una cena (con tintes de banquete) para que sus hermanos sepan lo agradecido que esta de verlos, Hellen entra, mira a los tres y tras los amables saludos solo atina a preguntar –¿Vienen con mucha hambre?- ambos están ávidos de alimentos, es un padecimiento común en los viajeros, ha entrado a la cocina, y sale con dos bandejas enormes, las destapa al tiempo que, como todo chef de respeto dice -¡Voilá!- y tras esto, describe aquellas delicias, -pechuga de pollo en salsa de champiñón y arroz a la marinera, lo he dejado con pocas especias, pensando en que sus estómagos estarán algo “movidos” por el viaje- una ave nunca fue símbolo de emancipación tal cual aquel pollo lo estaba siendo, el arroz despedía olores a clavo, sal y revolución, escena que a los ojos de Nicandro, bien podría pasar como una broma más, tendrá que cambiar el vino joven, por un vino con crianza, y habrá desperdiciado una muy fina botella, pero eso ya no tiene remedio; pero nunca sabemos qué delicados elementos cambian nuestros balances, tal manifestación de principios había sido tolerada estoicamente, hasta que Hellen se sentó a la mesa diciendo –Bon appetit-, eso ya había derramado el vaso.

La escena del pleito delante de la familia, está en el subconsciente colectivo de todos aquellos que hayan pasado más de dos navidades en familia, por sabida voy a omitir narrarla, como es común la misma continua en la cocina, que debe ser por causas que aun me son desconocidas, el lugar de solución de conflictos más efectivo en los hogares, incluso la sala no resuelve tanto, ahí se ventilan cosas menores, si hubiera que poner jerarquías yo diría que la sala es la primera instancia de lo familiar y conyugal, pero la cocina es sin duda el supremo tribunal y sus decisiones son inapelables.

Tras cambiarse de ropa los hermanos desfilan al cementerio sin pronunciar palabra, han entrado mirando cada tumba, soplando algunas inscripciones, para poder leerlas, hasta que llegan a su destino, -aun me sorprende pensar que se hayan ido- dijo Novik, -Que fuertes, que jóvenes y que serenas eran aun las mentes de ambos, ninguno fue un viejo jamás- añadió Nicandro, -No es más que la naturaleza, que buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha dejado satisfecho a nadie- dijo sereno y con una sonrisa picaresca Nemesio, para ser el que más había llorado de los tres, ahora parecía el que mejor lo llevaba, -¿Cómo fue que te sobrepusiste a ambas perdidas?- le ha preguntado Nica, -pues mira, es un ejercicio como cualquier otro, con pequeños pasos, aceptando día a día, nunca hay cambios grandes, lo que hay son pequeñísimos cambios que se juntan para hacerse fuertes, aparte de que en mis silencios, lo reflexioné con calma, la muerte no nos roba los seres amados; por el contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo; la vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente, como a ti, no volviste a ser igual desde que te separaste de Indira y la perdiste para siempre-, -¡cállate! ignorante- agregó Nicandro algo exaltado (solo los muy cercanos tienen el tino matemático para pegar justo donde duele, como una aguja de acupuntura, precisa y delgada) –aparte Indira era solo una mesera, y por otro lado Hellen es toda una Chef certificación gran turismo-, -ahora entiendo- dijo Novik –como esta es de más categoría aguanta más gritos-, -No tengo por qué dar explicaciones de mi vida, y si no se puede vivir con Hellen, viviré con otra, que yo, como los buenos vinos hermanitos, mejoro con la edad- dijo Nicandro cerrando la charla, rezaron juntos y se fueron de ahí.

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