DOMAINE 1992 (1ª parte)

El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría.
Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.
Pablo Neruda

Cae la tarde en su totalidad, sobre el agua del mar y más tarde en la arena, los ruidos del paisaje cambian lentamente, y no hay fogatas que pinchen con sus tonos el manto de los tiempos, calma pura y simple, si el crepúsculo pudiera montarse, veríamos debajo caminos de arena, que se vuelven de piedra y asfalto a medida que uno llega hacia el centro, el “barrio antiguo” de Alcandóreas.

Señoras de ajadas mejillas que tejen en las aceras, meciendo entre sus bocas una trama aun más complicada que la del revés y los derechos de sus aros y ganchillos, ninguna puede dejar de pronunciar entre sus lienzos el nombre de Nicandro, el mayor de la familia Mena, una familia que vivía allá donde los apellidos no cuentan, ahora están en la casa que “Nica” (sudando la frente con su padre) compró a Don Faustino en el centro, claro que “están” es una palabra algo amplia, viven en el aquella moderna mansión, Nicandro, y Hellen, su esposa.

El mediano, Novík, está en cualquier lugar que le ofrezca la oportunidad de una aventura, claro que estos lances ya son solo culinarios, es enólogo profesional desde hace cuatro años y recorre el mundo, llevando su muy cuidado paladar y conocimientos técnicos de vid en vid, piensa en el avión y sonríe, recuerda las palabras de sus padres, -no se puede ir por la vida, de copa en copa, “Vik” ¿es que esa es la vida que deseas?-, seguro ahora lo miran desde el cielo, si tuviera asiento de ventanilla seguro podría verles tocando el arpa en alguna nube, piensa para sí mismo; los Mena tienen el humor muy negro.

El menor, Nemesio, se fue a vivir a un lugar mucho más grande para estudiar letras en una Universidad importante, y sin tanto sol, ya que le sienta más el clima frio y las tardes lluviosas para dedicarse a escribir; Nicandro se llena de frases elocuentes para hablar de su hermano todas los viernes sociales, y “Mesio” a muchos kilómetros de ahí se sienta en su habitación a traducir del inglés, novelas románticas, de esas que la gente llama “del corazón”, suspira profundo y piensa –es temporal, ya tendré tiempo de llevar mi manuscrito a un lugar donde me publiquen, y voy a quitarme de tanto tonto cuento-

Mesio ya no recuerda la mayor parte de la vida de las privaciones, Nica se fue muy joven, y no sabía de él excepto por cartas, llamadas y esos brillantes momentos cuando decía en monedas extranjeras cuanto había mandado, su hermano mayor toda la vida fue Vik, pero su héroe hasta estas fechas es Nica, al grado de que su primer ensayo en la clase de sintaxis fue sobre él.

La familia que salió del agua.

Por Nemesio Mena Pablan.

La labor de mi padre fue ardua toda la vida, contradictoria en grandes aspectos, la mar no es una amante caprichosa, es una madre alcohólica, unos días te da todo y otros te azota sin piedad por razones insondables, no es confiable para la vida, pero como todo niño pequeño, es tu único refugio y fuente de alimentos, tan contradictorio como su carácter es la gente que vive de ella; la familia Mena entre estos hijos maltratados, cuando era prodiga mi padre vendía mucho pescado y con las monedas que obtenía compraba huevo y frijoles, y en la casa había fiesta, tomábamos refresco y nos sentíamos millonarios, pero cuando no había peces, se sobrevivía de lo que la red generosamente capturaba por error, y en la casa se comían ostiones, camarón, jaiba, langostinos, y recriminábamos nuestra suerte, -comida de pobre- decía Nicandro.
El es el fuerte del clan, la piedra angular, la cabeza del hacha y la vela del barco, una mañana salió más lejos de lo que ningún Mena pudo llegar, a buscar –tierras llenas de especias y sedas preciosas-, ahí fue adoptado por un mercader de alimentos, quien lo puso a lavar los pisos, y demás enceres, hasta que logro forjarse un nombre entre los educados chefs y refinados camareros, que saben de vinos y comidas, que él jamás probó.
Ahorrando y aprendiendo pasó toda su juventud, nunca tiempo de despilfarrar, tenía una familia que atender, y por ellos no dejaba de poner su mayor empeño en cada cosa que se le encargaba, siempre atento y con una sonrisa, aun cuando se caía de cansado por los turnos que le daban, hasta que tuvo suficiente dinero.
Mi hermano siempre fue uno de los grandes exponentes de que los Mena, tienen el humor muy negro, siempre tenía una historia de cómo lograba vender cuatro kilos de camarones que se le habían pasado, como “el especial del sabor mestizo”, y cuanto pagaban aquellos personajes por sus ridículas ideas.
El pondría el primer restaurant de comida “gourmet” que hubo en la comarca, al que sólo los turistas asistían, primero porque la gente de la región no acostumbraba aquellos platos y segundo porque los precios estaban planeados, para que así fuera, pero la lógica del humano consumista moderno es fácilmente predecible, si era caro seguro era bueno, con esa reputación, logro llevarnos, como pequeños anfibios.
Darwin creía que todo evolucionaba desde el agua, que la vida de ahí se convertía en cosas más complejas, dinosaurios, mamíferos primitivos, etc.
Yo soy testimonio de esa verdad, salimos del agua y fuimos cada día a mejor, al menos, eso decían mis padres………………………………………………………………………………………………….FIN

Un aniversario luctuoso más en puerta y los de lejos están volando de regreso, con la maleta vacía, ya que todo lo que ocupan va con ellos, y las flores ya las compraran en el pueblo, que eso también se puede resolver, mientras tanto Nicandro, observa su mayor orgullo, la cava de su casa, hoy es viernes y tiene invitados, baja las escaleras, y ante el está la ingente cantidad de botellas que ha ido guardando, toma cuatro de tinto joven. Mientras en el comedor, Hellen recita en el mejor español que puede, el menú, de primero un caldo alemán hühnersuppe (que en español se traduce como caldo de pollo, pero no lo dice, ya que esta entrada asombra a los comensales), ensalada campirana, y ternera con pimientos marinados.

Para cuando Nicandro sube, el aplauso es generalizado, aquel olor es delicioso, empieza a servir una botella para un ejercicio imperdonable en su casa, catar el vino, de izquierda a derecha, tres segundos, copas amplias, todas las reglas son observadas, incluso las más ridículas, si alguien toca la copa antes de ser servido, es señal de que no desea vino, Doña Enriqueta la tocó una ocasión para limpiar una pequeña mancha y ha sido excluida de la degustación, el protocolo es así en la casa de Don Nicandro.

Todos callan, hacen lo que el anfitrión hace, si mete la nariz, meten la nariz, si gira la copa, lo paladea y si escupe o lo traga, nadie quiere pasar por ignorante, hasta que el rompe el silencio, -afrutado toque de grosella negra, brillante, pocas piernas, lagrima definida, generoso, redondo y vivo, es raro pero aun cuando es de barrica de roble, no se siente maderizado- todos murmullan por un momento y concuerdan con el experto, aun cuando a la mayoría solo les supo al mismo vino de hace una semana.

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