SALMO AL REBAÑO

El Guadalajara es hoy un campo de cenizas. La lesión de cinco titulares es grave y si a ello agregamos que jugadores como Omar Bravo y Omar Arellano no encuentran su mejor nivel, está claro que el futuro inmediato del Rebaño Sagrado no es nada halagador…

Es el momento de decirlo, Chivas es una religión, tan politeísta, tan pagana, tan ilógica, que solo me queda como el gran Rey David, entonar un salmo:

“NO TE PARA NADIE CHIVAS”.

En la cancha llegas a ser un meteoro que quema al que intenta tocarlo. En la tribuna, estás siempre acompañado por la ilusión de tu congregación que canta al ritmo que tú le propones.

No te para nadie, rebaño, aun cuando tus goleadores no despiertan, y “El Chicharito” ahora se haya ido a conquistar nuevas tierras, no te para nadie, porque cada grito, cada aliento, cada inspiración baña con gloria tu propia gloria.

No te para nadie, ni los rezos, ni las súplicas, ni el ímpetu del contrario. No te para nadie, Chivas. Nadie se atreve, porque a tu lado, no existen, no cuentan, no son nadie.

El día de la fiesta en el delirante estadio azteca. Habrá mariachi, globos, ballet, payaso malabarista, enmascarados, portadas de periódicos, pájaros y seguidores águila, que sabrán que su casa podría estar cambiando de dueño. Y nadie, nadie se lo querrá perder.

Pensar que tu rival podrá ser local en su propio estadio recibiéndote será un sueño demasiado kafkiano como para creerlo. Ya antes hemos pisado sus gradas y para cuando el balón empieza a rodar, ya el grito rojiblanco será mayoría.

No requieres de mucho para encender la bomba de tu propia pasión. Tienes ignición inmediata y haces combustión con una buena jugada, con un inicio rápido, con un gesto de tu portero.

Hay una diferencia abismal entre un plantel y otro. Hay una diferencia entre una aspiración y otra. Ellos visten como les ordenan, a veces a cuadros a veces en rosa, mientras que tu, jamás has perdidos tus honrosas líneas rojas y blancas, colores inequívocos del hospitalario, del humilde.

Ellos son soberbios y necios, han sido traídos de tierras lejanas con idiomas raros y diversos, pagados para hundirte, son mercenarios, conquistan por su gratificación por el sucio oro; pero tú, eres sencillo, vibras y te defiendes porque cuando eras muy niño heredaste esta fe, y te inculcaron el respeto, la lealtad y el valor, proteges tu escudo símbolo del caballero que salvaguarda su nación, y vas con tus jóvenes y tus corazones mexicanos a demostrar que esta es tu tierra.

Ellos son poderosos tienen su canal de las estrellas, al dinero y a un impuesto injusto que les pago el estadio donde juegan, por eso no puedes fallar, porque tu triunfo es la señal inequívoca de que en la modernidad, el dinero aun no lo puede todo.

Es la maldición que arrastran, tienen dinero, poder y su orgullo, son estruendosos e ignorantes como sus ídolos, por eso piden ser odiados, porque el odio es ignorancia, nosotros no podemos hacer eso, estamos más allá de ese bullicio suyo, nuestros ritos son incomprensibles a sus ojos, esos ojos llenos de ira y sin razón.

Nuestra pasión es más pura, y a esta pasión, la alimentas tu, cuando sufres, escarchado y absorto, con tus colores azul y amarillo, desde tu palco en televisa.

No te para nadie Chivas, y siempre, está arropándote el pueblo más grande del futbol mexicano.

No distingue fronteras sociales, ni edades, ni color de piel y ni siquiera el lugar donde se ha nacido. Se hereda, se contagia, se asume, se involucra, se matiza y se impregna como una plaga incontrolable que llega al corazón y desde ahí se expande hasta cada rincón del cuerpo, envolviéndonos en una fiebre que se libera a gritos y bailes.

Pónganse de pie, el único equipo que ha llegado a la final de la copa Libertadores sin refuerzo alguno, y sin extranjeros en sus filas, está aquí, el mundo de Chivas está en todos, en los que se ponen serios, gritan, reclaman, idolatran, exigen, cantan, añoran, se enloquecen, se prenden en pasión y se apagan con cerveza y piden más.

No te para nadie Chivas, te pueden quizá, amenazar desde el pizarrón de sus lujosos vestidores, pueden, tal vez, fintarte desde la tribuna de su estadio, te pueden tratar de confundir durante dos tiempos en la cancha.

Pero a mis once mexicanos, a las CHIVAS RAYADAS DE GUADALAJARA, créeme, no le puedes ganar, no puedes… Nadie para al unico y original Rebaño Sagrado.

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