GERMAN DEHESA (Q.E.P.D.)

Mi gran virtud es mi capacidad para ser metiche,

estar en todos lados y preguntar,

y ha sido muy divertido

porque para platicar ¡qué buenos somos!

Desde tempranito estamos en eso

 

Germán Dehesa.

 

 

Yo vi a German dehesa cuando canal 7 aun era IMEVISION (dios de los muertos, soy todo un viejo) hacia un programa llamado “Sobre el Terreno de Juego” y lo recuerdo, porque casualmente era a la hora que yo llegaba de la escuela con mi madre, magnifica maestra rural en aquellos días, ella lo ponía como una especie de “música de fondo”, mientras hacia de comer, supongo que el estilo de la platica del señor Dehesa le relajaba, para mi era un programa aburrido, pero la charla de ese tipo, me recordaba el estilo de “Javier” mi abuelo paterno, por eso me quedaba con los oídos absortos en el.

 

Mil años después, en la capital de la nación me invitaron a Plaza Loreto específicamente a “La Planta de Luz”, su éxito era arrollador, daba funciones famosas por ser críticas político-sociales, con políticos que incluso acudían a verlo sabiendo que serían “las víctimas” del espectáculo, era tal el ingenio de sus diálogos que le permitían todo.

 
Famoso (o famosísimo) por su columna “La Gaceta del Ángel” en “Reforma” donde fue fundador, sobre el llamado “Charro Negro” Humberto Musacchio, periodista, escribió que en 1993, cuando Reforma comenzó a circular en la capital mexicana, Dehesa y otros colaboradores del diario se organizaron para acudir a las calles para fungir como voceadores; “Destacó en esa función Germán Dehesa, quien organizó un grupo de ‘baboseadores’ —así les llamó— que se distinguieron en la venta del diario”.

 

La Gaceta del Ángel mezclaba historias de la ciudad con sus propias anécdotas, jugaba con las palabras, le cambiaba el nombre a las personas y criticaba a políticos. En 1,892 entregas, su columna casi siempre se refería a su humor dependiendo del resultado de los Pumas, rematando con el mensaje “¿Qué tal durmió?”, para dirigirse a políticos involucrados en escándalos de corrupción, como el ex gobernador del Estado de México Arturo Montiel, quien inspiró esa sección.

 
En la ceremonia del Himno Universitario, “el chilango mayor” según lo dijo Loret de Mola, era el único que levantaba la mano izquierda (no la derecha como todos) y estiraba la mano sin apretar el puño pues decía que eso era una expresión “fascista”.

 

Ya de viejo (me refiero a mi, no al escritor) me sorprendió verlo de vuelta en televisión al lado de José Ramón Fernández en los programas futboleros de ESPN, pero dolía un poco verle acabado, cansado y casi balbuceando, sus ocurrencias eran más bien traviesas e irreverentes, algo que siempre se agradece, opinaba sobre los temas futbolísticos del momento, pero mantenía el ingenio de toda la vida para cuestionar a Aguirre, la Selección e incluso sus Pumas (primera y ultima vez que escribo de otro equipo que no sean mis chivas).

 

El 25 de agosto, escribió sobre su salud: “Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar”. Así supe, a través de su columna que estaba enfermo y que sus colaboraciones dejaron de ser permanentes.

 

Su muerte parece demasiado prematura. Sólo tenía 66 años de edad y un enorme afán por seguir viviendo, lo cual hace más dolorosa su partida. Dentro de todos los males, el cáncer que terminó por llevárselo no fue tan agresivo y según me entero, no padeció grandes dolores y falleció con cierta paz, en su sillón favorito, rodeado por sus seres queridos.

 

La muerte de Dehesa se suma a la de Carlos Monsiváis, dos escritores y agudos observadores de la realidad nacional, quienes con estilos distintos tuvieron como denominador común su ironía y su manejo del lenguaje. Ambos fueron también figuras públicas de marcada popularidad, algo poco usual para los intelectuales.

 

Sin embargo, Dehesa fue más abierto en su crítica a los políticos mexicanos y su prosa en ese sentido tenía una gracia de la que carecía Monsiváis, más dado al fárrago escritural, a la complicación sintáctica y a la parcialidad partidista.

 

Germán Dehesa nos va a hacer mucha falta. Porque la gente buena, crítica y con humor siempre hace falta y es lamentable que se vaya tan pronto. De hecho, me habría encantado leer lo que hubiese escrito sobre la presunta censura de TV Azteca al programa Shalalá en el que iba a aparecer Andrés Manuel López Obrador (quien alguna vez pidió a los suyos que no leyeran a Dehesa).

 

Su más reciente libro (sería por cierto el último) “Las nuevas aventuras de el principito”, ya esta a la venta, y aprovecho para hacer el comercial, ya que con su muerte cientos de “villamelones” Irán a comprarlo.

 

Tras conocerse la noticia de su muerte, usuarios de la red social Twitter (primera y ultima vez que lo escribo bien) expresaron que una de sus grandes lecciones se resume en la frase “Somos lo que leemos”.

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