De la cima a la sima

Que gusto, que trazos, que talento, “los chicos se arrodillaban al verte pasar, como un profeta, o un Mesías, tú pronosticabas lo que iba a suceder”, los vítores hacían retumbar la nación, de tus hazañas escribían todos, mientras lucían tu nombre en estandartes.

Porque tu victoria, no llego como los gatos de las azoteas que bajan dóciles a los hogares a ser alimentados mientras ronronean, tu gloria radica en que tus batallas eran tigres de bengala viniendo a devorarte, estriba en el hecho de domesticarlos hasta que parecieran disciplinados gatitos.

Y así como llego, como se escabulló, “la gloria, como una nube, desaparece si miras otra vez”, todos vimos atónitos ese viraje insólito de lo sombrío a la luminosidad y de la perfección al abismo. Todo en 90 minutos en los que salvajemente expiraron la racha perfecta y el invicto de las Chivas, y de paso las quinielas de las mayorías. Con un grotesco e impactante marcador de 4-0, el equipo chiapaneco hizo añicos al líder Guadalajara, a fuerza de toques, de pressing, de goles, el rey estuvo ahí, de rodillas.

Ahora todos se llenan la boca de tu derrota, de que caíste, y te señalan mientras se burlan, llenándote de adjetivos calificativos negativos (casi poéticas las 3 palabras), tus detractores hacen preguntas solo para regodearse, y tú, descubres la miseria del que ha visto su rostro contra el asfalto.

Porque en una sociedad, como la nuestra, que estimula la competitividad como “modus vivendi” y encumbra a los ganadores sin grandes miramientos al precio que han pagado por serlo, está fatal visto ser un perdedor.

Pues sí, caíste, ¿es acaso tan malo?, yo esperaba que cayeras (caer es inevitable), porque en la victoria estuvieron todos, hasta los que te tenían celos, y en la derrota… aquí sigo, recuerdo tus hazañas y no borro tu nombre de mi estandarte, ni me da pena decir, que sigo siendo tu seguidor, pase lo que pase, puedes contar conmigo.

Límpiate el lodo de la túnica, toma mi mano, apóyate en mi hombro, que vamos para arriba, ahora que todos callan, ¡yo no voy a guardar silencio! ya que es claro que en estas circunstancias pesan más los silencios de los amigos, que las palabras de los enemigos.

Pero sobre todo, debido a que ser de chivas, no es una elección, es un don que emana directamente de Dios, y porque en estos días, que las chivas pierdan es noticia, es insólito, y eso… eso hincha el pecho, nos hace recordar, una vez más ESTOY AQUÍ REBAÑO, Y MAS DE TREINTA MILLONES DE ROJIBLANCOS TAMBIEN.

 

P.D. Los que no tengan el don de ser fieles de las SUPER CHIVAS RAYADAS DE GUADALAJARA, solo lean la parte en azul, y verán que funciona.

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