ENCABRONERUDA

De otro. Será de otro. Y gracias a Dios por eso.

Como antes de mis besos. Mismos que llorará,

su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero no tendria empacho
en volver a escalar sus piernas, como un demonio. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque no me pesan las noches como ésta

cuando se moria entre mis brazos, sino las
mañanas y las tardes, hallarnos en lo prohibido.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella amerita,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo,

destornillando la metrica de neruda, y bebiendome,
no se si mi libido o mi corage, de un solo trago.

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