EL OSO, LA MONA Y EL CERDO.

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontes,
la no muy bien aprendida
danza, ensayaba en dos piés.
queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: “¿Qué tal?”
Era una experta la mona,
y respondióle: “Muy mal.”
“Yo creo, replicó el oso,
que me haces poco favor.
¡Pues qué! ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?”
Estaba el cerdo presente,
y dijo: “¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín mas excelente
no se ha visto ni verá.”
Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:
“Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar:
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar.”

Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
SI EL SABIO NO APRUEBA, MALO;
SI EL NECIO APLAUDE, PEOR.

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La prueba de Li Jing.

Tras la conquista de Luoyang, el emperador Li Shimin ha ido poco a poco perdiendo a su mejor general y amigo, que lejos se ve ya aquel año de 633 cuando mandó a su general Li Jing con 30,000 ballesteros, 40,000 infantes y 90,000 jinetes al desierto de Gobidesde, una campaña sin precedentes en la historia.

Un triunfo militar que trajo de regreso a los combatientes con un gran desfile y honores, pero Li Jing regresó soberbio, fuera de las cualidades que lo habían llevado desde la parte más baja del ejército, hasta el puesto más alto en la escala de mando, ahora era jactancioso, indisciplinado y juerguista.

Pasaba las tardes y las noches (cuando no se alargaba hasta la madrugada), bebiendo en su casa o en un hostal cerca del rio, con mujeres, y recordando sus hazañas, rodeado de otros beodos, que no lo dejaban solo con tal que siguiera pagando tragos, casi siempre terminaba golpeando a algún infeliz que tenía la osadía de retarlo.

Guerrero de gran técnica, aun obnubilado por los influjos de la bebida, su agudeza con las armas y fortaleza física era superior a la de cualquiera, era muy recordada aquella noche de verano cuando por casualidad se topó en el mismo lugar con 6 guardias reales, a los cuales retó y venció… sin derramar su trago, el cual siempre mantuvo en su mano izquierda.

-“Oh de mí, ¿Qué será de esta encrucijada que me atormenta?, dejar a Li Jing seguir su libertinaje está causando estragos en el reino, pero mandar detener a mi antiguo amigo, significa firmarle una sentencia de muerte, ya que no se dejara apresar mientras viva”- pensaba el emperador, y una lagrima escapó hacia su mejilla.

En estas tribulaciones se sumía Li Shimin, cuando ante su presencia se apareció Sun Wukong, el Rey mono en persona, luciendo una cota de mallas dorada, capa de plumas de fénix, y unas botas especiales para caminar por las nubes, quien meneando su cola dijo: -“Nunca monarca alguno debe llorar, si tu problema es la errática conducta de Jing, yo te puedo ayudar, si confías en mis métodos”-.

El emperador acepto la ayuda del Rey mono, y le indico donde podía encontrar al General Jing, -“Son recién las cinco de la madrugada, seguro esta en las aguas termales a las faldas de las montañas Jiao, dándose un baño para quitarse el mareo del alcohol”-, así Sun Wukong partió sin dilación.

Mientras Li Jing se bañaba con dos guapas mujeres, apareció el Rey mono, blandiendo el Ruyi Jingu Bang (un báculo originalmente usado para medir la profundidad del océano con un peso de 8100 kilos), mientras miraba al General, golpeo el suelo con su báculo causando tremendo estruendo y esbozo una gran sonrisa.

Jing dio un gran salto fuera del agua, y justo se dirigía a aprestar su espada de doble filo, para enfrentar a Wuokong, cuando fue interrumpido por él, -“¡Detente inmediatamente! No he venido buscando una batalla, me han contado de tu gran fuerza y habilidades, y quiero proponerte un trato-.

El General se sintió ampliamente halagado, pues hasta el palacio de las nubes llegaba su fama, así que hinchando el pecho encaró al Rey mono diciéndole: -“Ante ti tienes al famoso General Li Jing, el más grande guerrero que el mundo haya presenciado, permíteme vestirme y vamos a mi casa, ahí podrás decirme con calma, que es lo que posees que pueda interesarme”-.

Mucho tiempo atrás Sun Wukong comió los Melocotones de Inmortalidad y las Píldoras de Indestructibilidad del Señor Laozi, y le dijo a Jing de que aun guardaba algunas, y podría dárselas a un simple mortal, que probara que su fuerza era mayor que la de ningún otro en la tierra; la ambición del General era tremenda, incluso mayor que su fuerza física, así que acepto oír lo que debería hacer para ganar tan jugoso premio.

-“Primero quiero ver que realmente eres tan talentoso como las leyendas cuentan”- dijo el Rey mono con voz serena, así que le indicó a Jing que su prueba previa, sería muy simple pero muy laboriosa, tendría que llenar un gran cono prodigioso con luciérnagas Huǒ, unos pequeños insectos, muy inteligentes, al ser capturadas apagan su luz y se vuelven invisibles al ojo humano, por lo que Jing solo sabría que el cono estaba lleno hasta que se encendieran todas en señal de que ya no cabía ni una sola más.

Durante largas jornadas vago Jing por los bosques buscando y capturando, con sus propias manos, cada pequeño insecto, por la mañana urdía trampas, colocaba cepos y por la tarde empezaba a colectar cada insecto que podía, la labor era desilusionante, pues al voltear al cono, parecía que nada había en él, se veía totalmente vacío, así pasó el tiempo, hasta que un día con el hastió rondando sus fuerzas y convencido de que el cono jamás se llenaría, una gran luz emergió del cono y se volvió una flama, alimentada por las luciérnagas que intentaban ahora escapar, era claro para Jing, había creado una antorcha que nunca se apagaría, ya que las luciérnagas Huǒ no mueren, mientras no estén solas.

Jing grito a todo pulmón, mientras agitaba la antorcha eterna –“Preséntate ante mi Sun, he probado mi valor, aquí está la llama que muestra que merezco la inmortalidad, baja de donde estés”-, al ver la luz, el Rey mono se apersono, tomo la antorcha y le dijo a Jing que se diera un baño y comiera bien, en 12 horas lo vería a la orilla este del mundo.

Al cumplirse el plazo, Jing se presentó en su armadura de general, recién pulida, le hacía ver intimidante, su máscara de demonio le daba aspecto feroz y causaba pánico en sus enemigos (aunque a decir verdad, sin la careta obtenía los mismos resultados), con sus armas listas, para cualquier desafío que Sun le planteara, sabía que se avecinaba una batalla y el famoso General Li Jing la enfrentaría con honor y valentía; el Rey mono sostiene la antorcha de luciérnagas en su mano izquierda y en la derecha una gigantesca esfera de cristal llena hasta la mitad con un líquido aceitoso, que Jing no distingue, y atada a una cadena de metal.

-“Esta es la cadena kunoichi, construida para detener a Tàiyáng (el sol), tu labor será dar la vuelta completa alrededor de la tierra, viajando de este a oeste antes que el combustible de Tàiyáng se agote, si logras hacerlo, el premio es tuyo, solo que hay una regla, si se llega a apagar, no puedes regresar por donde saliste, debes completar la vuelta a la tierra”- dijo el Rey mono, poniendo la cadena en manos del militar, quien empezó su camino.

Jalar el sol no requiere mucha fuerza, como es cristal en cuyo interior arde fuego, no crea un gran peso, la cadena por otro lado si es pesada, pero nada que un mortal de respeto no pueda cargar, la dificultad es que dar la vuelta a la tierra no es una labor rápida, si se hace a mucha prisa se corre el riesgo de perder energía y fatigarse, debe hacerse a trote lento, Li Jing lo sabe.

Tomando la cadena con ambas manos llega hasta las tierras de los Yaoguai, terribles criaturas, de pequeño tamaño pero muy celosos de su territorio, al ver a Jing jalando a Tàiyáng, se abalanzan sobre él con sus garras afiladas, el afanoso hombre ata la cadena a su cintura, toma su espada de doble filo y sin dejar de avanzar, se abre paso entre los demonios, cercenando todo lo que se interponga en su camino.

Logra librarse de una de muchas penurias que lo esperan, cruza sin problemas la parte oeste del mundo y tras algunos pasos, observa extinguirse la flama del sol, ha tardado demasiado y la misión ha fallado, no puede regresar por donde vino, así son las reglas, así que completa la travesía y se encuentra al rey mono, quien hace malabares con la antorcha.

Ha fracasado y encara a Sun, -“Merezco una segunda oportunidad, para ti es fácil, puedes dirigir el viento, separar el agua, conjurar círculos protectores contra demonios y avanzas 54 000 kilómetros de un solo salto, pero yo no, debo avanzar una pierna tras la otra sin conjuros”- Sun asiente con la cabeza, -“Descansa unas horas, mientras yo vuelvo a cargar con combustible a Tàiyáng, más tarde volveré a encenderlo y lo intentaras de nuevo”- Dijo Sun.

Li Jing se levanta y come un gran banquete que el Rey Mono ha mandado preparar para que vuelva a tener fuerzas, tras beber extracto de hojas de durazno, ha terminado la comida, vuelve a tomar el sol con la cadena y sale sin decir ni media palabra, paso a paso, vista al frente.

Los ojos fijos en la distancia, cruza por la parte media de la tierra, ya que debe nadar por los enormes océanos y el agua es más fría hacia las partes las altas, por lo que podría perder la vida ahogado en el intento de llegar al oeste, pasa el territorio de los Yaoguai sin sobresaltos, hasta los demonios reconocen su tenacidad y le permiten paso libre.

Tàiyáng empieza a languidecer, su llama no es tan cálida y refulgente como hace algunas horas, Li Jing teme que no lo va a lograr, así que aprieta el paso, toma lo último de sus fuerzas, ya puede ver las montañas Jiao, está muy cerca la meta, corre con todas sus fuerzas, y llega hasta el punto desde donde partió, el Rey mono lo observa y señala a Tàiyáng que hace varios minutos que se ha apagado.

Li Jing observa a Sun Wukong, se arrodilla y exclama: -“Sé que lo puedo lograr, solo debes dejarme una oportunidad más, casi lo logro, ¡oh gran inmortal! Déjame solo una vuelta más, Sun pone a su disposición a las mellizas Ping-Ming, que serán las encargadas de darle de comer y bañarlo por los siguientes días, mientras Jing sale cada mañana con el sol al hombro, para ganar su inmortalidad.

Así pasaron las semanas y una tarde de invierno se encontraba en sus jardines Li Shimin, cuando ante su presencia se apareció Sun Wukong, el Rey mono en persona, luciendo una cota de mallas dorada, capa de plumas de fénix, y unas botas especiales para caminar por las nubes, quien meneando su cola dijo: -“Tanto tiempo sin verte, encuentro tus tierras prosperas y muy tranquilas”-; tras esto explico al monarca el trato que tenía con Li Jing.

-“¡Insensato! ¿Cómo has podido prometerle la inmortalidad a Jing? Es que no te das cuenta que él no descansará hasta lograr la meta que se ha trazado”-, le dijo muy enojado Li Shimin al rey mono, quien no dejaba de sonreír y menear su cola, mientras recibía una soberana reprimenda por su conducta irreflexiva.

Sun Wukong solo dejo de sonreír para responder –“Hace muchos años que comí los melocotones de inmortalidad y las píldoras de Indestructibilidad del Señor Laozi, nunca guarde nada de eso, ahorrar no es una de mis virtudes, pero eso Jing no lo va a saber, hasta que haya pasado mucho tiempo, mientras tanto disfruta ver como el sol sale y se mete cada día”- y tras decir esto, subió a su palacio en las nubes.

Y cada 600 años baja de su palacio en las nubes, y renueva el trato con Jing, quien no se dará por vencido, el sonido de sus pies hace estremecer el suelo, jalando a Tàiyáng, cada mañana, en su armadura de general, con sus armas listas, para cualquier desafío, con la pesada cadena en sus hombros, firme en su determinación de ganar la inmortalidad, y a su paso, demonios y criaturas de la tierra, abren paso y saludan con respeto a Li Jing, de quien pocos saben su verdadero nombre, el resto solo lo conocen como “El noble guardián del sol”.   

Esta tan ocupado, jalando de la cadena del sol, que no se ha dado cuenta, la leyenda de su nombre y no otra cosa, ya le han ganado la inmortalidad, el Rey mono, tiene formas muy picaras, pero siempre cumple sus promesas.

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En el 580 de AM

Durante 1992 la vida alegre de pueblito pintoresco transcurría para mí en la casa y en la escuela, al vivir más lejos (lejos es un decir ya que el pueblo era aún chiquito) de mis cuates, uno de mis más grandes gustos era tirarme en una hamaca que mi papá puso entre dos árboles de guayabas.
Una de las casas más grandes donde vivimos, y la última antes de salir para Zamora, de alguna manera, siempre me resulto poético, que viviéramos ya casi a orilla de carretera justo antes de irnos, como si fuéramos acercándonos a lo que seguía.
La cosa nunca fue coser y cantar en cuanto a lana se trataba, pero mis papás siempre sabían cómo sacarle jugo a la vida, las mañanas del domingo se hacían ingentes cantidades de palomitas y frituras, que en transcurso de la tarde se embolsarían para que mis padres pudieran llevarlas a la escuela y tener un ingreso extra.
Todo esto era amenizado al fondo por la estación de radio que mejor se oía, que era el 580 AM, CANAL 58 generaba su señal en Guadalajara y nos llegaba perfecto, aparte tenía la ventaja que transmitían todos los partidos de los equipos de Jalisco, Atlas, Leones negros y sí… Chivas, así que ni moverle a la grabadora, Canal 58 era amo y señor de la cocina y dominaba desde arriba del refrigerador sus territorios.
Cada dos domingos en punto de las 12:00 Emilio Fernando Alonzo y David Medrano, narraban desde el Estadio Jalisco los avatares del juego de pelota, yo solo imaginaba aquellos sucesos, lo cual era más divertido que ver el juego en la tele, aún ahora me parece que si no es en el estadio el deporte debe vivirse en la radio.
Quince minutos antes del final del juego, ambos cronistas hablaban a cerca de quien había sido el jugador más importante del equipo local, quien había sido “El jugador 58”, mi mente curiosa pero aún muy infantil, no entendía porque no le decían el “número uno” si era el mejor, lo que si entendía bien, era que el jugador del encuentro distinguido con este título era alabado, aun así perdieran, él se salvaba de la crítica.
Frente a la radio, recuerdo preguntarle a mi papá por que el mejor no era el uno, explicándome él, que era en referencia a que el 58 era el símbolo de la cadena de radio que los transmitía, y que con esto intentaban explicar que ellos solo estaban con el mejor, con el más hábil, con el del talento.
Los fines de semana que chivas jugaba de visita usualmente lo hacia los sábados por la noche, y ahora si llegando de La Piedad, mis papás hacían botanas y nos sentábamos a ver tele en su cuarto, un febrero de ese año, chivas sale a la cancha con (los que recuerdo) Demetrio Madero con el 4, Guillermo “More” Hernández con el 17, Javier “Vasco” Aguirre con el 13, Ignacio Vázquez con el 10 y Benjamín “el maestro” Galindo con el mítico 58, ahí por primera vez vi el número, del lado contrario otro equipo de Jalisco, Leones Negros saltaba a la cancha con un ExChiva Arturo Javier Ledesma Velasco “el Zully” quien usaba igual el 58, después de ese partido, ya nunca más volví a ver ese número como una idea abstracta, ahora era real y pertenecía a un ser humano, que portaba aquel distintivo como signo de su gran rango.
Que gran ofensa pensaba para mí, ¿por qué los rivales tienen un 58? y ahí mi papá me explicó que ambos eran de la misma ciudad, los cubría la misma cadena, y que los veintidós hombres en terreno eran atletas, y eran muy buenos, pero de esos, los mejores eran esos 2, y sí, obviamente “Zully” era el mejor de Leones, porque venía de chivas.
No recuerdo quien ganó o quien perdió, lo que si recuerdo es que ver a “Zully” jugar fuera del área con los pies, era impensable para un portero mexicano de los 90’s, y por el otro lado la zurda de Galindo hacia ver tan fácil el juego, era un tipo que estaba en todo, y todo hacia bien; dos fueras de serie, no sé si a causa de que en verdad lucían, o debido a que yo estaba con mis 5 sentidos en ver que hacían.
Para 1993 el Instituto Mexicano de la Televisión, conocido también como Imevisión, un organismo estatal mexicano encargado de operar las estaciones de televisión propiedad del gobierno federal se disuelve, perdiendo los derechos televisivos de Chivas, quien pasa a ser televisado por los mismos dueños del América, Chivas ahora se ve en la casa del acérrimo rival, y yo estaba en una nueva escuela, sacando “mi número de la suerte” con el maestro Joel y después peor con la maestra “Cony” (a quien le deseo que jamás haya sido feliz, pero de ella me encargare en otra entrada de blog), en resumen, todo estaba fuera de lugar, menos el 58 en el dorsal de quien debía poner el talento.
Para el Torneo 96-97 ya estaba adaptado a la Ciudad y la familia reportaba plantel completo con la incorporación de mi hermana, residíamos en Valle de San Agustín, una casa en forma, nada que ver con las calles empedradas del pueblo, un lugar que me gustaba mucho y en el que a la reta en la cuadra salía con una playera enorme del Guadalajara.
En ese tiempo Chivas llega a la Final, con un delantero de miedo “Gusano” Nápoles, y un portero de época Martin “pulpo” Zúñiga y otros nombres impresionantes, pero yo seguía a un defensa “el more” Hernández, ¿Por qué? Exacto, porque ese era el 58, un tipo fuerte, sobrio, no mucha conducción pero si mucha vista, no dejaba pasar ni un solo balón, sobre él se cimentaba todo el equipo, que aquel año salió campeón.
La mejor época de la vida si me lo preguntan, aún era muy chico, así que me quedo tiempo para actividades suburbanas, para jugar súper Nintendo con mi hermana, tener arbolito de navidad por primera vez, y muchas otras cosas que en el rancho no hubieran sucedido, y sí, entendí que en la vida no siempre ser el número uno es lo mejor.
En el ’99 los cuates de mi papá eran otros, viajamos con “Berrinches” García y su compadre a Morelia, para un juego donde Guadalajara iba de visitante, Luis García adornaba su espalda con el merecido 10 de delantero goleador, ese año, al ex delantero del atlético de Madrid no le alcanzo para ser 58, y yo me acomodaba a la prepa, más que otra cosa recuerdo las palabras de mi papá, -échale ganas a la prepa y vas a venir a Morelia, la Universidad, la vida grande y una Ciudad con estadio de fútbol de Primera División.
La relación comercial de Canal 58 y Chivas rayadas de Guadalajara era tan grande que se consideraba ser el 58, como una distinción de más renombre que ser capitán, ungidos con esta señal fueron “More” Hernández, “El Maestro” Galindo, “Travieso” Guzmán, Ramón Ramírez, “Tiburón” Sánchez y Adolfo “Bofo” Bautista, quien sería el último gran 58, ya que con la era de Jorge Vergara se cortó la tradición.
Un equipo puede tener un líder, ese que sabe para dónde, que marca tiempos, hacia atrás o hacia adelante, un creativo, alguien que cuide la puerta, un seguro de manos, un delantero eficaz y solvente, pero todos esos se pueden englobar en un número, ese mismo número que habla de talento, de marcar diferencias, habrá quien quiera ser el número uno, para mí, la historia de mi niñez y la adolescencia fue la búsqueda por ser como el 58.

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El rey de los deportes

“Es increíble cuánto puedes desconocer

de un juego que has jugado toda la vida”

-Mickey Mantle.

En pleno año dos mil quince no entiendo ¿Cómo es que aún hay baristas en Starbucks que no entienden que la belleza del capuccino es la espuma? El café que me dieron parece café con leche, piensa Gilberto Nuno mientras se dirige a una mesa, saca su iPad, y empieza a revisar su app de la Liga Boleteriana de Béisbol.

Nuno tiene ya dos años haciendo méritos con los “Langosteros” de rosarito, un equipo de media tabla, pero eso a él le resulta poco importante, no juega ninguna posición, siempre le apasionó el juego, pero jamás tuvo actitudes como para poder destacarse en el, así que ahora estudia la universidad y sueña con ser cronista.

Sigue revisando estadísticas, alargando los números a la derecha del decimal, en esa parte tan nerd y tan fría que tiene un juego tan pasional y tan impredecible como el béisbol, que lo convierte en un espectáculo tanto para quien lo ve, como para quien decide analizarlo.

La misma rutina de siempre, abrir youtube y empezar a ver juegos de otras ligas, para oír el estilo de narración, los datos que manejan, y ¿Por qué no? Tal vez para robarse una “frase matona” algo así como “no no no no díganle que no a esa pelota”, eso que sea su sello, que lo distinga.

Una de las muchas ventajas del uso de la Tablet es que no le quita espacio de lo que pasa a su alrededor, frente de él una nerviosa mujer, revisa el reloj, mira su celular, repasa una frase una y otra vez, -” ¿qué decidiste?” murmura lo mismo, con gesto fuerte, como dándose valor, seguro va a discutir con alguien y está en pleno calentamiento.

 

El partido en youtube no va a nada, las acciones en el café se ve que van a la alta, cuando a mujer toma su celular y se escucha sentenciar –“ya son las 5 y no has llegado ¿Vas a venir?”… Nuno como gran aficionado sabe, que los cotejos deben empezar a la hora pactada por respeto al equipo rival.

 

Un delay más que comprensible a las 17:05 salta a la cancha el novio, se le ve entero, confiado, claro primero el protocolo de ley, pasa por su café y saluda al equipo rival efusivamente, se ve que estamos ante un clásico porque ella pone las manos para evitar el abrazo.

 

Son las 17:10 y se ha cantado el playball… Ella abre a la yugular del novio -” ¿qué decidiste?” uy que picheo tan fuerte, rompiente y por el centro del plato, cantado el primer strike, se ve que tanto calentar el brazo ha dado frutos, el desconcertado novio la veía venir pero no pudo ni hacerle swing.

El público espera, la frase fue fuerte y cerca de 4 comensales al notar la situación, sospechosamente se acercan a la cancha, la afición ya está abarrotando el inmueble, y no es para menos, esa bola rápida ha dejado viendo estrellas al hombre al bat, quien bebe de su café, y sabe que debe dominar esa pichada tan ruda.

“¿Que pienso de qué?”, “no te hagas”, “¿no se ni porque estamos hablando de esto?”, “al menos dime la verdad” y todas esas frases comunes van y vienen, el encuentro sube de tono, se suben las voces, y la fanaticada empieza poco a poco a acercar su silla, a codearse los unos a los otros, un sector está con él, el novio otro con ella, y así, con él levantándose al baño cae la primer entrada.

Damas y caballeros la que escuchan es la voz de Gilberto Nuno que les está llevando las acciones, con una mujer muy firme en la loma de los disparos, y un muy temeroso bateo por parte del novio, pero aún sin carreras para nadie, vamos a comenzar la segunda entrada.

La mujer acepta la señal del cátcher -”¿Entonces no vas a decir nada de lo que te pusieron en Facebook?”, vaya clase de curva, la mujer pausa la voz, le quita velocidad al envió, y el novio esta contra la pared, parece que no puede adivinarle el modo, las mujeres sonríen ante esa habilidad, la dama repite la misma picheada, y el novio responde -”a mí me vale madre face, yo quiero vivir contigo, y te lo he demostrado”, ¡kaboom! Estacazo con todo, el novio acaba de botar la bola, casi podemos ver como corre suave alrededor de la mesa, cántenlo conmigo ¡home run!

Amables aficionados, con las gradas aun rugiendo por las acciones, se va para la historia el segundo inning y el milagro está sucediendo, el hombre va ganando las acciones, pero esto aún es joven, regresamos para el tercer rollo, con una dama que se ha levantado al baño, seguramente a revisarse el maquillaje, ya que las lágrimas comienzan a brotar.

Las acciones se reiniciar con el novio dándole una servilleta, el llanto de ella no para, ahora es él quien está en la loma de las responsabilidades, y se despacha con una recta poderosa, una declaración de oro -”no creas todo lo que sale en Facebook” la afición se pone de pie, ella no le hace swing a ningún envío, sigue llorando, y parece ser que será todo para ella, el tipo pichea suave, puras rectas, nada de curva ni cambios de ritmo, pegado a lo que le ha funcionado.

Si ella no hace algo, esto se va a acabar temprano, viene el tiro y ella saca el madero a la voz de -”Estoy harta de tu relación con Gina” nadie lo puede creer con la voz entre cortada, saca batazo poderoso que pega contra la cerca, ¡Standing ovation! Así se juega a la pelota, con estrategia, espero su bola, espero que estuviera cerca, lo ablandó con las lágrimas y cuando lo vio titubear…. toma perro en el hocico, ¡Maestra!

Casa llena para ella, él responde con el clásico -”no es lo que estás pensando”, que no lo saca del apuro, ahora la afición da al novio el beneficio de la duda… Quizá tenga razón… afición expectante, los comentarios van de mesa en mesa; vamos a la línea de mensajes, rubia en la mesa de al lado dice: -”Ella debería exigirle el password de su facebook a ver si tan valiente, pero claro eso ya es llegar a los extremos y él quiere un futuro juntos, se lo acaba de decir”, que pichada tan compleja si logra salir este out, no solo habrá dominado este turno al bat sino toda la relación.

Los dos se dan cuenta que el lugar hierve de gente expectante, así que van a pedir tiempo, se acercan, bajan la voz, se toman de las manos y se ven a los ojos, las acciones se reanudan, -”Estoy muy herida” señala la novia”, él es constante con trabajo, sigue tirando su bola estrella -”te juro que no es cierto”.

Amables amigos míos ella queda con casa llena, acepta el cambio de rollo y el novio parece haber sorteado la parte más fuerte del tercer innig, así es como aprovecho para recordarles que las acciones del día de hoy son traídas a Ustedes gracias al patrocinio de Starbucks, Facebook y esa tal Gina, de la que aún no se sabe mucho, pero parece ser la pitcher de relevo del novio.

Vamos a la cuarta entrada, ella fiel a su estilo abre fuerte -”Dime la verdad, solo eso quiero”, curva engañosa, iba de bola pero el Umpire canta como strike legal, el novio hace swing con un –“No sé qué decirte”, ¡Respuesta incorrecta! Y ya cantamos el out, acaba de abrir la puerta a aceptar su relación con Gina, en un momento de sinceridad, arruina la estrategia, ella, desconsolada se queda callada, ya no lo voltea a ver, que tensión amigo radioescucha, ahora si esta contra la pared.

El novio en un intento por volver le dice -”yo no sé qué hacer, sé que te quiero pero, me presionas mucho” y ya la afición ha empezado a meterse con el hombre al bat, lo abuchean, piden cambio, bateador emergente, que se salga de la cancha, algunos incluso gritan a lo Carmen Salinas –“Díganle que no mame”.

En un momento de calma el novio se reagrupa, explica su complicada situación en el trabajo, ahora si tira curvas, trata de distraer la conversación a otro tema, el novio busca las palabras correctas. -“Estoy atravesando un momento difícil”, se lleva las manos al pecho -“necesito me entiendas”, la verdad tiene un muy buen punto pero es insuficiente, su calidad en el montículo ha ido muy a la baja.

Juego legal señoras y señores, ya estamos en la quinta entrada y parece que se va a suspender por lluvia, la novia no deja de llorar aunque intenta contener las lágrimas, les recordamos que si se suspende después del cuarto inning ya no se repone otro día y el marcador se queda como hasta la quinta entrada permaneciera, ella revisa su celular, parece que es todo, las damas alientan, podrías cortar la tensión con un cuchillo.

Ella se para de la mesa, ella se va, se va… se fue y esta del otro lado de la puerta; él permanece inmóvil, toma su café, hace una llamada, tal vez a Gina, termina su llamada, se retira con el vaso y su alma vacía, todo se acabó, el novio se lleva las manos a la cara pero debo decir, se le ve aliviado, amable público que se da cita en el teatro de las ilusiones, es así como llegamos a un final más, me despido de ustedes, no sin antes recordarles que soy Gilberto Nuno y les deseo la mejor de las noches.

 

 

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CUATROCIÉNEGAS

Para servir a la patria

nunca sobra el que llega

ni hace falta el que se va.

-Venustiano Carranza.

 

“-Ahora si te pasaste de pendejo, pensaba Luis Ríos”. Al tiempo que contemplaba el mostrador de Ómnibus de México, a perderle el amor a una lana y a dilapidar la dignidad, porque la tirada iba a estar bastante larga, pagó su boleto y aprestó la mochila negra que nunca cambió, a pesar de sus años de servicio, se sentó a esperar media hora y entonces oyó esa bocina que nunca se entendía de las centrales viejas, no se deducía bien pero seguro que dijo 315 y ese era su camión, once y media en punto subió al camión, con muchísima pena.

Qué momento tan ingrato era el viaje en camión, desde muy pequeño estaba acostumbrado a camiones, y desde muy pequeño no se encontraba por ningún lado a su gusto, muchacho más bien inquieto, estar confinado a número de asiento lo ponía nervioso, solo de pensar en eso; así avanzaba el estrecho pasaje contando, nueve, once, trece, quince… ¡aja! por fin el suyo, para colmo de sus males ya no había ventanas, así que a tomar pasillo.

El juego de las probabilidades es bastante complejo, puede que tus chances sean una en un millón, pero si había alguien que hubiera viajado en un millón de camiones ese era Luis Ríos, y ese día era la una esa que andaba faltando, en la ventana contigua a él, una norteña clara de aspecto muy recatado, sencillamente encantadora, el viaje era largo y no había necesidad de mucho glamour, Luis se sentó intentando conservar la calma, dominador del asunto, sacó un libro que ya hace mucho había querido terminar “La carrera hacia el poder” de Jeffrey Archer.

Pasaba hojas, pasaba hojas, nada que se concentraba, el aroma del perfume de aquella mujer no le dejaba poner los ojos en el papel, pero cinco minutos de lucidez y el inclemente sol de mediodía le dieron la pauta, “-Disculpe señorita, pero si Usted gusta yo me cambio a la ventana para que el sol no le toque directo, más tarde que baje un poco con todo gusto le regreso el asiento”, discreta sonrisa, hasta eso tenía bonito, aquellos labios hacían una curvatura expresiva y preciosa, “-sí, gracias que amable, porque me vengo quemando, contesto en voz bajita”.

“-Mucho gusto, Luis Ríos… servidor”, “-tanto gusto Luis, yo soy Lucero”, en las siguientes horas Luis ira haciendo eso que él llama “charla de pared” preguntas cortas y concisas que tras ser respondidas puedan encerrar un “¿y tú?” que le indique si la otra persona quiere seguir la conversación, una táctica vieja pero confiable como no hay dos, Lucero  no era de mucha platica, y Luis no era de su total agrado, pero en esa autoimpuesta privación de la libertad que es un viaje largo en camión, parecía la compañía perfecta, en cualquier otro escenario la suerte de Luis no sería tanta.

Pregunta de ley tras unos momentos “-¿Para dónde vas?” inquirió Luis, “-voy para Cuatrociénegas ¿y tú?”; La mente es tan relativa, 500 pensamientos cruzan por ella, mientras afuera solo ha pasado un segundo, pero más aún asombra como podemos acomodar todo en ese segundo, “-Yo también voy para allá” respondió Luis levantando las cejas, y haciendo su mejor expresión de sorpresa, era una mentira vil, en realidad se dirigía a Saltillo ya que un amigo, lo invito a una reunión que se hacía en un rancho propiedad de su familia en Coahuila.

Luis no era un mentiroso habitual, a menos no de mentiras negras, que por coloración deben ser el antónimo de las blancas, pero si un pequeño conocimiento había puesto uno de sus mentores en asuntos femeninos, era que a las mujeres les encantan las coincidencias, les da la habilidad de despojarse de las moralinas cursis, ya que lo que pase será solo causa del destino y ya estaba escrito, no estaba en sus manos causarlo o frenarlo; la posterior charla de Lucero era relajada, como si ya se conocieran de tiempo… “-eras un chingón abuelo” pensó Luis mientras veía a aquella dama acomodarse el pelo con un elegante gesto.

Lucero era de Estanque de Norias, la tercera de cuatro hermanos, siempre fue apoyada por los dos mayores, para salir de la comunidad y estudiar, ahora estaba en segundo año de psicología, viajaba a Cuatrociénegas para visitar a su abuela, ya que el sábado era su cumpleaños, y coincidentemente el lunes no tendría clases así que había forma de hacer la travesía de casi 24 horas contando el viaje redondo.

Si alguien puede contar la historia de la vez que fue a una boda jodida en Guatemala, como el exitoso tour de fiesta por el extranjero, ese es Luis Ríos, no es que sea un exagerado, es que en su particular modo de ver, tener donde dormir y comer ya era viajar a todo lujo, mochilero de corazón, no solo transita así, igual vive ligero de equipaje, claro que platicar con él empieza a deleitar a Lucero, quien cada vez más le pregunta cosas más profundas, hasta derivar en un charla más digna de ser recordada.

La noche se tendía sobre la tierra, cobijando de oportunidades todo aquello que en el día parece imposible, “-me siento algo cansada ¿te importa si me recargo en ti? Es solo para dormir 15 minutos”, dijo Lucero con una voz ya más bien melosa, “-por supuesto, anda”, respondió un balbuceante Luis Ríos, ¿Quién lo diría? El que pensaba que venía en la avanzada, de repente era el peón del juego,  tras acomodarse, Lucero le dijo a Luis que moviera el brazo detrás de ella así podría terminar de leer su libro con la luz del camión, que sutil forma de decir abrázame delicadamente, era sin duda una profesional, Luis solo se limitaba a obedecer, como una cascara de nuez flotando alegre sobre un riachuelo, no era dueño ni de sí mismo, “-que bonita es la libertad” pensó.

836 kilómetros después, la mente del joven no deja de pensar en cuán lejos ha llegado, y como ahora solo tiene dos opciones, bajarse en Saltillo, dirigirse a casa de su cuate y pasar el fin de semana tal y cual lo había planeado desde el lunes de la semana pasada, un plan seguro; o seguirse para Cuatrociénegas, detrás de una mujer que no le había prometido nada, en espera de que algo sucediera, de alargar la suerte, teniendo en mente, que era un tiro de muy larga distancia y sin garantía de nada; a muy temprana edad ha entendido que en eso se resumen todas las decisiones de la vida, ir a la segura o perseguir el sueño.

Las once y media de la noche y el camión por fin llega, Luis aún sigue sentado del lado de la ventana, Lucero nunca se lo cambio ya, así que debe esperar a que su temporal compañera de viaje se levante para tomar su mochila, aun sin saber que sigue, ella se levanta, toma su bolsa y le pasa la mochila a Luis, “-Acompáñame por mi maleta por fa” dice muy animosa, desde luego que él desciende del autobús y va a reclamar el equipaje, de ahí al mostrador a comprar boleto a su siguiente destino, Lucero lo toma del dedo meñique de la mano izquierda, él suda y le pide que le permita un momento, extrae de su cartera una tarjeta ladatel y se encamina a un teléfono público, “-Carnal, no pude conseguir boleto, no voy a llegar a Saltillo, nos vemos cuando regreses”, fue todo lo que le dijo a su amigo, colgó y se enfilo bien seguro hacia Lucero, y la volvió a tomar de la mano.

“-Ahora si te pasaste de pendejo, pensaba Luis Ríos”. Al tiempo que contemplaba el reloj, la mano grande y la chica apuntaban hacia el cielo, seguro que era una señal, volteo a ver a Lucero quien no soltaba su mano, aun les quedaban 3 horas antes de que saliera el siguiente autobús, así que cenaron como en las Centrales se cena, café y un par de donas de hace 2 días calentadas a golpe de foco de 100 watts, si alguien llegara a preguntarle, Luis diría que ninguna corporación hacia mejores donas que aquellas que comió en Saltillo.

Por fin aquella bocina que donde quiera sonaba igual, a una especie de árabe mezclado con español, Luis despierta a Lucero y se dirigen al camión de segunda, no mucha gente viaja a esas horas, menos a un municipio chico, toman sus lugares, Lucero sigue durmiendo y como una especie de cábala continua Luis sentado en la ventana, no puede seguir leyendo, pero no deja de darle vueltas a mil ideas, desde la carretera observa el cerro del Mercado, y por fin la civilización, “-que rápido llegamos”, piensa Luis, y despierta a su compañera, quien con aquel delicioso acento coahuilense le responde “-Aquí a penas en Monclova tontito, anda duérmete poquito”, Luis obedece sonriendo, lo mejor será ya no pensar y descansar.

De la ruta 57 a la 30 Luis cae en tan profundo sueño, que no observa antes de llegar el Área de Protección de Flora y Fauna de Cuatrociénegas, que es un espectáculo maravilloso a esas horas de la madrugada, en fin que no siempre puede venir uno atento a cada pequeño milagro, desciende en su destino, Lucero toma su tarjeta ladatel y se encamina a un teléfono público, ya viene su familia por ella, Luis inventa que no encuentra a su amigo, que no le contesta el teléfono y antes de que se dé cuenta esta invitado al cumpleaños de la abuela de Lucero y viaja en la parte trasera de una Ford F-150 hacia Estanque de Norias.

En medio de un valle, rodeado por la Sierra Madre Luis se dio cuenta de las miradas inquisitorias, no era para menos venia acompañando a “la nena” de la casa, nadie le hace preguntas incomodas, de hecho con la clásica hospitalidad de los pueblos pequeños de México, lo sientan, lo alimentan y se le hace platica en una especie de “speed date”, primero se sienta un tío, luego un primo, alguna amiga de la familia, hasta que Lucero termina de ayudar a las señoras a servir y se cambian a la mesa de sus amigos.

La música norteña continuara hasta las 3 de la mañana del domingo, que es el día idóneo para ir al Rio Mezquites, así que se desayuna ligero, y parten hacia una tienda grande a las afueras del pueblo, carne, carbón, cebollitas, etc., lo tradicional para la carne asada, y enfilarse sobre la carretera 30, por primera vez Luis siente que decidió correctamente, al llegar el lugar no es nada fuera de lo común, las palapas son sencillas, el olor a asado inunda la zona, y por fin se mete en aquellas cristalinas aguas, y para su sorpresa el agua esta tibia, y la familia de Lucero como buena gente del norte no para de reírse con las historias de siempre, de personajes pintorescos del pueblo.

En la noche hay que ir a misa, Lucero sale de vestido y zapatitos, Luis anda con ella del brazo por el quiosco al salir la iglesia, una película de Pedro Infante (que no le han gustado nunca, y paradójicamente lo está viviendo tal y cual), deambulan por el centro y encuentran donde cenar, Lucero no deja de hablarle de todas las cosas que el municipio ofrece; dentro de algunos años Luis tomará el periódico una mañana en el 2012 y leerá sin sorpresa que Cuatrociénegas obtiene por fin la declaratoria de “Pueblo Mágico”, “-se tardaron mucho” piensa mientras da otro sorbo a su café.

La madrugada del Lunes Luis es despertado temprano para ir a leña, un pretexto más de la familia para conocer a quien creen es un futuro integrante, al regreso y después de un baño, uno de los desayunos más memorables que un nómada como él haya tenido, seguido de la insistencia de Lucero de ir al Museo de Carranza, Luis no tenía ni idea que Venustiano Carranza hubiera nacido en ese lugar, a pesar de la insistencia de varios maestros durante su infancia.

En la entrada de la antigua casona que se edificó en los principios del siglo XIX, Lucero firma con su mano izquierda el libro de visitas y se niega a pagar un guía,  pasara las 10 salas de exhibición de fotografías, esculturas y objetos personales del caudillo explicándole casi todo de memoria a Luis, él duda de tener capacidad suficiente para concentrarse en tantos datos, pero hace su mejor esfuerzo, esta asombrado por la historia, por el lugar y por la guía, sin embargo sale de ahí y años después recuerda casi cada dato; uno de los ejercicios que marcaran su vida, acompañarse de una mujer  bonita para estudiar, si algo ayuda a que se concentre es oír una voz dulce a su lado.

Camino de regreso Luis escuchara un poco más de la tierra de Lucero, de la vida de Carranza, la Feria de la Uva y el Festival del Globo, pero ya nada será igual, porque básicamente las costumbres del pueblo nunca serán las de la ciudad, aparte de que no hay modo de detener el tiempo, ya no será nunca más ayer, esa edad, así como los las aguas del rio mezquites nunca volverán, y así es como Dios lo dispuso, Luis regresara un par de veces más a Coahuila, pero nunca más a Cuatrociénegas.

Mil años después Luis regresa a la central de autobuses, no hay forma de tener un deja vú en ese espacio, ya no es ni la sombra de lo que fue cuando era joven, las bocinas que eran más inútiles que los lavamanos en el baño de hombres, han sido reemplazadas por modernas pantallas planas que indican tipo de servicio, horario de salida, precio y andenes donde salen, la sala de espera única ha sido cambiada por un espacio dividido por línea de autobuses, todas con cómodos sillones y servicio de café.

Antes de subir a su camión una muy amable mujer le brinda una pequeña bolsa plástica con un sándwich, una fruta y un refresco, avanza hacia el segundo piso de la unidad, equipada con baño, Internet vía wifi, servicio de café y pantallas individuales en los respaldo de los asientos que ahora son totalmente reclinables, camina por el pasillo y a un lado de él una mujer más bien joven, hasta cierto punto guapa, Luis toma su asiento.

La edad da experiencia y calma, totalmente dominador del asunto, sacó un libro que ya hace mucho había querido terminar “El sueño del celta” de Mario Vargas Llosa, y de reojo vio a aquella mujer viendo en su Tablet “Breaking Bad”, y una vez más el sol de mediodía, “-Disculpe señorita, pero si Usted gusta yo me cambio a la ventana para que el sol no le incomode en la pantalla, más tarde que baje un poco la luz con todo gusto le regreso el asiento, es que se va a perder la idea de cómo hace una batería para auto”.

Ni media palabra ha recibido Luis en respuesta, ni un gesto por mínimo respeto, que mejor que no insistió o hubiera visto a aquella mujer sacar su Galaxy III, abrir whatsapp y escribirle a su amiga “-Me toco un idiota al lado, que me quiere hacer platica, y no mames we trae un libro, de hueva”, Luis sigue la lectura, avanza bastantes páginas, cierra su libro, y no puede evitar pensar, ¿Cómo le hacen los chamacos de hoy en día?, ¿Cómo le hacen para aprender acerca de Venustiano Carranza?.

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VENDRÁ EL OLVIDO

“…no llega el olvido y por más que intento mi mente no te olvida

te extraño y te quiero y por tus recuerdos yo he quedado en ceros

no llega el olvido se quedó dormido mientras yo me muero”.

Vendrá el olvido, tus horas se llenarán de amigos nuevos,
despertarás envuelta en el olor de otras mañanas,
alguien dirá tu nombre, diez, cien, mil veces, y será distinto;
será determinante.
Las palabras que te dije, las escucharás por fin completas,
tu boca y tu alma encontrarán la forma de amoldarse y no extrañar,
incluso vestirás lo que era para mí para cualquiera.
Y sí,
vendrán días mejores,
sanarás de prisa, y la felicidad te ha de alcanzar en cualquier sitio,
pero días como los nuestros… ¿Cuándo?

Edel Juarez

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Sigo ranchero y gallardo.

“…de un color fuerte negro y brillante, 

de estampa imponente que chulo animal,

obediente es todo un caballero,

que pa’ ser perfecto le ha faltado hablar”.

-Alfredo Ríos.

 

Hay que tener una casa propia, no para poder desarrollar un proyecto de vida, sino para no ser un tipo promedio; hay que tener una pareja estable, no un amor, no una complicidad, no una persona con la que te digas “te amo” y “como me chingas” con la misma sonrisa burlona, simplemente una pareja estable, porque estar solo es hacer el fail  social; se debe procurar un trabajo apasionante, porque un trabajo regular que ponga verdes en el azul no basta, debe ser con adrenalina, o con componentes modernos, desarrollador de apps o alguna cosa así, todo muy trendy; esta carrera debe ser altamente prometedora, para que destaques de entre las multitudes, con el pecho hinchado, y la cara en alto; obviamente planes de tener hijos, viajes, un auto.. Y sobre todo un perro para abrazar en la idílica fotografía del perfil de Facebook, causando la envidia de los amigos, porque ¿Para qué ser exitoso?  Sin los likes de aprobación de extraños, que dan sustento a este sentido de triunfo.

Por todas estas quimeras, cada vez más jóvenes adultos que hoy están en sus 30, o que se acercan al umbral de la década, tienen esa sensación de frustración y desconcierto, frente a todos los ideales (propios o ajenos) que abrazaron años atrás y aún no llegaron a cumplir, porque cada vez más se vive para otros, una sociedad de consumo que exige éxitos de manera constante, pero no laureles personales, no, quiere esos estándares de distinción propios de una masa a la que cada vez se le exige ser más uniforme, y eso no existe más que en los comerciales de todas las cosas que se nos intentan vender.

Por eso me gusta estar lejos de tentaciones de diseño, no deseo más que los triunfos personales, esos que se ajustan a mis necesidades, los elaborados artesanalmente, aquellos laureles donde nadie más puede ver realmente una oportunidad de ganar, sigo siendo un chamaco cabrón y espero que eso se mantenga sin cambios, las pequeñas travesuras las cuento como mis mejores momentos, días como cuando voy al estadio, tener ese momento particular para mí y mis correligionarios, es una conquista.

Mantengo bien claro que soy de un pueblo pequeño, crecí entre las palabras de mis padres y calles de empedrado, veredas rurales y el olor a ganado, no me afrenta en lo más mínimo, es más cada que puedo lo presumo, porque yo tuve la bendición de tener la infancia de ámbito bucólico y la madurez citadina que tanto se pregona en las canciones de José Alfredo Jiménez, que si tanto escribió de eso es que muy bueno será, y no digo jamás que el medio donde crecí haya detenido mi desarrollo, por el contrario,  las horas más felices de mi niñez fueron gracias a que divertirse en el rancho necesitaba grandes dosis de creatividad, cosa que agradezco a mi Dios y canto como victoria.

Recuerdo grandes historias de mis abuelos, de los 4, no mucha gente puede cantar eso, y no solo recuerdo las historias, en mi mente zumban todos sus consejos como una colmena de agitadas avispas, a la sombra de esos consejos intento normar mi conducta lo más cercano a lo que creo que es la educación que recibí, así a la antigua, sigo sin rasurarme (porque los príncipes se afeitan diario, el rey ¡jamás!), mantengo bien en alto que las facciones de los hombres deben ser diametralmente opuestas a las de la mujer, no bajo la bandera de la “retrosexualidad”, pero tampoco impongo nada a nadie; y no me da orgullo confesárselos, pero si uno que otro día, me pongo mis pantalones a lo one direction, en un ejercicio de no cerrarme a las nuevas tendencias, para un sujeto tan intransigente como yo, eso lo marco como un éxito.

Temprano por la mañana un baño caliente, me enfundo en una camisa de todo mi gusto, perfume de ese que hace voltear a ver, desayuno como el Rey Leónidas, abro la puerta de mi oficina y realizo mi labor, entre las horas pasan las semanas, las mañanas se hacen tardes, voy al cine, a la plaza, a comer con los amigos, las tardes se vuelven noches y voy a mi cama, bajo el techo que yo procuro, veo tele y religiosamente las noticias de la noche,  a veces queda tiempo para unas papitas (es un mal hábito que no me quiero quitar), y duermo como un bendito (con Ramón Ayala en mis audífonos), no quiero que nadie me diga que eso no es triunfar de forma redonda en la vida.

Cuando las cosas me salen exacto como las planeo, agradezco a mi Dios, a mis padres, a quien me haya ayudado, e intento ser elegante en el triunfo, cosa que me cuesta trabajo, y si no salen como quiero, a nadie culpo de lo que sucedió, no tiro mi dedo flamígero para señalar al crupier por las cartas que me tiró, me quedo un momento a serenarme y a pedir a un poder superior sabiduría para entender sus designios, reconstruyo mis planos sin decir ni media palabra de mi derrota, con mis herramientas: serenidad y paciencia habrá que renacer, y así lo intento… aprender a perder como un hombre es el más grande triunfo que se puede tener, después de eso, el mundo es tuyo y todo lo que hay en él.

No se equivoquen, claro que tengo triunfos estándar, bendito sea el supremo arquitecto no son pocos, algunos serán quimeras imposibles para muchos de mis semejantes (porque soy un consentido de Dios), pero esos… no son los que me hinchan el pecho, desde luego que soy parte de la masa, pero esas cosas no determinan mi personalidad, lo material está lindo y da satisfacciones, pero lo demás, lo accesorio a la persona es lo que canto como adquisiciones; mantengo el blog surtido (tanto como puedo), juego más con cosas ridículas en el mismo, y sobre todo, cuando hago una travesura, como iniciar el escrito, no con una frase de un escritor laureado, sino con un párrafo de un corrido de “El Komander”, pues me gana la risa, mantengo lúdico mi espacio, y espero que Ustedes disfruten eso.

“Welcome to the remix” porque lo que viene aquí, es solo la misma persona que he sido siempre, pero en una versión totalmente nueva, como cada año, voy a intentar reinventarme y que eso se sienta en mis letras, voy a intentar ser más auténtico, y como siempre no dejarme seducir por los Trending topics, prometo solemnemente no perder el juego de las palabras, gracias por venir a visitarme, y muchas más gracias por revisitarme, tengo un número significativo de visitas en las entradas antiguas y eso pues… NO TENGO COMO PAGARLO; quiero cerrar con las palabras del inmortal poeta latinoamericano Gerardo Ortiz “Tengo todo lo que he deseado en la vida, y el dinero aquí es donde participa, tengo cosas importantes, mi familia y estar bien con el de arriba”.

Dios los bendiga hoy y siempre por venir a leer SU zona de tolerancia.

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